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Es la misma estrategia que utilizó antes de que Iñigo el Escatológico se fuera con los mocos a otra parte: ella estaba en el sofá, incitándole con posturitas y miradas de Sarita Montiel cuando enrosca la sinhueso, hasta que él no pudo más, es decir, tuvo un apretón en los bajos e intentó hacerle unos tactos. Entonces Ania, indignada, le recriminó su actitud casi con desprecio y le preguntó si hacía aquello para que la echaran.

Pues bien: ayer Mabel Cotorrae Misericordiae fue la destinataria de su ponzoña, por hacer demasido de madrezota y darle consejotes acerca de cómo tenía que comer la sandiota para que no se le cayera en el regazote. Ania, muy ofendida, se rebotó y en lo más acalorado de la discusión entró en el baño sollozando, asegurando que no podía más y que abandonaba la casa, hasta que intervinieron varios palomos de la paz para que se reconciliaran, argumentando que la situación hace que se magnifiquen las tensiones, etcétera; pero el caso es que Ania la Victimista colocó la cuña oportuna para volver a aparecer como frágil tórtola en época de cría, amenazada por desaprensivos que quieren echarla del nido, angelito mío, ella que es tan inocentona.

Fíjese el lector que cuando Koldo le dijo que estaba convencido de que ella ganaría apostaron lo siguiente: si Ania vence, le dará dos millones al vasco y si sucede al revés, la nena se embolsará tres. Si será calculadora, que se asegura hasta la repesca.