TW
0

Pasear en verano por la Seu es acercarse al turismo. Allí se encuentra una mezcla cultural, de razas y de nacionalidades. Pero este verano es distinto. La presentación de la ecotasa y el descenso de afluencia de turistas alemanes a Mallorca condiciona también el perfil de los visitantes del centro histórico de Palma. Las obras que se acometen en la zona también han contribuido a cambiar la decoración. El polvo y el ruido protagonizan el día a día del entorno de la catedral. Los trabajadores se emplean a fondo para maquillarlo, mientras que los viandantes circulan por las calles como si no ocurriera nada. Ellos se han acercado a visitar la Seu y sus alrededores y nada les va a parar.

El turismo nacional recobra el protagonismo, así como el procedente de Italia. Desde los museos de la Seu se asegura que han notado este hecho directamente. El perfil de los clientes está cambiando y el número de visitas descendiendo respecto a las recibidas en períodos estivales precedentes. Los españoles se quejan de tener que pagar para ver algo que tendrían derecho a contemplar sin abonar ni una sola peseta. Los comerciantes lo hacen porque las obras les espantan a los clientes y porque, además, los servicios de limpieza del Ayuntamiento no asean las calles como debieran. El polvo se convierte así en una amenaza cuando comprueban cómo bajan los números recaudados al hacer caja.

Las calesas esperan en un lateral de la catedral a que el turista se acerque para contratar sus servicios. Un paseo por Palma a la vieja usanza, a ritmo que el caballo imprima. Mientras, el mozo que dirige las riendas explica, a grandes rasgos, los monumentos que el curioso visitante contempla a velocidad de crucero. Una cámara último modelo es manejada con la ilusión de que el turista se llevará a su lugar de origen una muestra de dónde ha estado de vacaciones. Ya tiene un soporte con el que atestiguar su visita a Mallorca. De fondo, las obras.