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E s un hecho que vivimos en un mercado global que está expuesto a los avatares que pueden producirse en cualquier lugar del mundo. La fuerte caída de las bolsas registrada ayer es un claro ejemplo de la imbricación y de los nexos de unión entre las diferentes economías nacionales. El inicio de la caída de los valores está en la moratoria en el pago de la deuda de un gobierno regional, el de Minas Gerais, al Gobierno federal de Brasil y la posterior dimisión del presidente del Banco Central de aquel país, situación que allí fue atenuada por una minidevaluación de su moneda. El caso es que los fuertes intereses de empresas españolas en el país carioca originaron que el parqué madrileño se desplomara con un descenso de los valores que es el tercero en importancia de toda su historia. Y, además, arrastró al resto de las bolsas europeas, que también registraron pérdidas de consideración.

En esta primera crisis económica desde la entrada en vigor de la moneda única en los once países del euro juega también un papel importante, por lo que respecta a Europa, la crisis política que vive la Unión, hecho este último que no hace sino agravar una situación ya de por sí difícil. Y demuestra, también, que las fluctuaciones y crisis políticas se traducen antes o después al terreno de la economía.

Precisamente en este contexto es cuando vamos a poder apreciar si es o no acertado el análisis que hacían algunos expertos al considerar que la entrada del euro iba a proporcionar una mayor estabilidad a la economía internacional. Puede que nos estemos enfrentando a la primera prueba de fuego real para la nueva moneda europea. El primer impacto de la crisis, evidentemente, ha sido inevitable; lo que habrá que ver es si podemos salir de ella sin mayores dificultades y en mejores condiciones que las de antes del 1 de enero.