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Hace ya meses "aunque los problemas arrancan de más atrás" que el asunto del progresivo deterioro del parque natural de la Albufera de Muro aflora periódicamente en los medios de comunicación. Se trata de una de esas cuestiones en las que nadie está dando la cara, pese a las quejas que llegan desde distintos sectores y a la existencia de hechos objetivos que hablan a las claras de incompetencia y desidia en la gestión del parque. Se refugian unos en la carencia de medios económicos, mientras que otros capean el temporal como pueden, anunciando cambios en las personas y un giro en la política seguida hasta ahora. Pero el tiempo discurre y uno de los espacios naturales más atractivos y originales con los que contamos en esta Isla es víctima de un quehacer disparatado que redunda en la pérdida de la fauna y el deterioro de sus canales. Hay que decir que las cosas se hicieron mal desde el principio, aplicándose unos criterios que, como se ha demostrado, no eran los adecuados para la gestión de un lugar de estas características. Informaciones relativas a la muerte estos días de varios caballos y potros han puesto de nuevo el tema sobre el tapete pero, insistimos, el mal viene de antiguo. En la Albufera y siguiendo criterios más bien intencionados que eficaces, se interrumpieron, tras su declaración como parque, prácticas tradicionales que como se ha comprobado eran decisivas para la conservación del entorno. Un ecologismo mal entendido "como ocurre tantas veces, y pensemos por ejemplo en la actual superabundancia de cabras en la Sierra Norte" ha desembocado en ese proteccionismo a ultranza que ha originado los problemas que ahora comentamos. No es un caso aislado, puesto que ocurre en estos días que se ponen en manos de gentes no preparadas unos bienes naturales que, precisamente, se han venido conservando a lo largo del tiempo gracias al mantenimiento de unas costumbres nunca caprichosas, sino naturales en el más amplio sentido de la expresión, por más que parezcan extremadas a quienes las juzgan desde una sensibilidad aberrante. Hora sería de poner las cosas en su sitio y confiar la administración de nuestra Albufera a quienes corresponde.