Israeli soldiers patrol in a tank near the Israel-Gaza border, amid the ongoing conflict between Israel and the Palestinian Islamist group Hamas, on the Israeli side April 7, 2024. REUTERS/Amir Cohen | Amir Cohen

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El día que se cumplen seis meses del inicio de la guerra en la Franja de Gaza, tras el mortífero ataque de Hamás del 7 de octubre, Israel afronta un futuro incierto en una Gaza devastada, pero también una amenaza bélica creciente contra la milicia Hizbulá en el norte y el riesgo de un ataque iraní en represalia. «Quien nos haga daño o planee hacernos daño, nosotros le haremos daño. Esta idea la llevamos a la práctica todo el tiempo, también recientemente, cerca y lejos, en nuestro entorno inmediato y más allá», dijo hoy el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, antes de reunirse con su gabinete de gobierno. «Israel está preparado -a la defensiva y a la ofensiva- para cualquier intento de ataque desde cualquier lugar», añadió el mandatario en referencia tanto a Hamás en Gaza como a la milicia chií libanesa Hizbulá, los hutíes o Irán, según enumeró Netanyahu.

Coincidiendo con los seis meses de guerra, Israel retiró anoche todas las tropas terrestres del sur de la Franja, después de cuatro meses consecutivos de combates en la zona de Jan Yunis, dejando solo en el enclave unos miles de hombres de la brigada Nahal, encargada de asegurar el llamado corredor Netzarim, que atraviesa de forma horizontal el enclave desde Beeri hasta la costa.

El ejército ha ido reduciendo su presencia en Gaza, de forma progresiva, desde principios de año a fin de relevar a los reservistas desplegados durante meses y en respuesta a la creciente presión de su aliado, Estados Unidos, para proteger a los civiles y permitir más entrada de ayuda humanitaria. Sin embargo, no está claro si esta retirada significativa anticipa cierto optimismo en las actuales negociaciones de tregua y liberación de rehenes, que continúan hoy en el Cairo con mediadores de este país, Catar y EEUU, con la presencia del director de la CIA, William Burns. O, por el contrario, como temen muchos civiles gazatíes, un movimiento tácito para ir trasladando a las más de 1,4 millones de personas de Rafah hacia zonas más al norte de Gaza para invadir después este área fronteriza con Egipto, donde Israel dice que quedan cinco batallones de Hamás. «Durante los últimos seis meses, el pueblo de Gaza ha soportado un sufrimiento insondable. Más de 32.000 palestinos han muerto y otros 75.000 han resultado heridos», dijo hoy Jamie McGoldrick, coordinador humanitario de la ONU para Palestina, quien ha descrito la situación sobre el terreno de «simplemente catastrófica». «¿Qué habilidades aprendí durante esos seis meses de gonocidio?», se pregunta, por su parte, el periodista gazatí Hosam Shabat, quien dice que en lugar de terminar su tercer año de universidad, la guerra israelí en Gaza le ha enseñado lo inimaginable. «Aprendí el olor de los cuerpos en descomposición, cómo maximizar el espacio para enterrar demasiados cuerpos (juntos), a distinguir las diferentes bombas que nos arrojaban, a cómo potabilizar el agua o cuántos días podría sobrevivir sin comida», enumera el joven en X.

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Frontera norte y amenaza iraní

En la frontera norte con el Líbano, el ejército confirmó hoy haber completado una segunda etapa de preparación, la cual permitirá reclutar «un gran número de reservistas» si se diera una escalada, detalló este domingo un comunicado castrense, anticipando también una posible ofensiva contra Hizbulá que aumenta con el paso de los días. Desde el inicio de la guerra en Gaza, el fuego cruzado en esta frontera se ha vuelto diario, y unas 60.000 personas permanecen evacuadas del lado israelí, además de 93.000 del lado libanés; al tiempo que una veintena de personas han muerto por ataques en Israel frente a más de 330 en el Líbano, muchos de ellos milicianos de Hizbulá.

Además, los ataques israelíes se han ido profundizando en territorio libanés, ampliando su radio de actuación a áreas alejadas de la frontera común como los suburbios de Beirut, los alrededores de la ciudad meridional de Sidón o el nororiental Valle de la Bekaa, donde llegó a atacar una zona a más de 110 kilómetros de la divisoria. Paralelamente, en los últimos dos meses Israel ha cometido masacres con números récord de víctimas civiles, las más graves siete miembros de una misma familia fallecidos en un bombardeo en Nabatieh (sur de Líbano) y otros tantos sanitarios asesinados en un centro sanitario de Habariye, también en el sur.

A su vez, Israel también ha llamado a reservistas ante un posible ataque de Irán en represalia y dice encontrarse en «alerta máxima» y listo para «una variedad de escenarios», tras el asesinato de siete guardias revolucionarios iraníes el 1 de abril en un presunto ataque israelí contra la embajada iraní en Damasco (Siria). Este domingo, un asesor militar del líder supremo de Irán, Ali Jameneí, afirmó que las embajadas de Israel «ya no son seguras», sugiriendo que Teherán podría atacar las sedes diplomáticas en cualquier momento, mientras que el ministro iraní de Exteriores, Hosein Amir Abdolahian, auguró de nuevo hoy venganza. «La República Islámica de Irán, aparte de tomar medidas legales reconocidas en el derecho internacional, exigirá responsabilidades y castigará a los agresores», aseguró el diplomático iraní en una reunión en Mascate, capital de Omán, con el alto cargo de los Hutíes del Yemen, Mohamed Abdul Salam.