El presidente ruso, asistiendo a una videoconferencia desde su despacho. | Reuters

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Hace unas semanas, cuando Bielorrusia y Polonia mantenían un encendido conflicto diplomático con miles de refugiados en mitad de su 'fuego cruzado', algunos analistas anticipaban movimientos alarmantes por parte del Kremlin. Según esta opinión, el presidente ruso, Vladímir Putin, estaría maniobrando en la sombra y aprovechando la controversia para medir las fuerzas y la resistencia de una Unión Europea en un momento crucial, con la canciller Angela Merkel saliendo de la escena internacional y Francia a punto de dirimir su futuro más inmediato en unas elecciones presidenciales en 2022. Por si fuera poco, desde hace un tiempo Rusia está acumulando militares y material de guerra en la frontera con Ucrania. Ya hay quien advierte de una posible escalada bélica a la vista, y existen fechas concretas encima de la mesa.

En concreto, este martes Ucrania ha acusado a Rusia de reforzar sus posiciones en la línea de contacto en el Donbás con unidades adicionales de artillería, tanques, vehículos blindados de infantería y francotiradores, según el departamento de inteligencia del Ministerio ucraniano de Defensa. «Rusia sigue impidiendo que se estabilice la situación en la zona de operación de las Fuerzas Conjuntas» en el este de Ucrania, donde se enfrentan desde 2014 el Ejército ucraniano y las fuerzas separatistas apoyadas política y militarmente por Rusia.

Según Kiev, el mando del grupo operativo de «las fuerzas de ocupación rusas» refuerza las unidades cerca de la línea de contacto en algunas áreas con «artillería autopropulsada de 122 milímetros adicionales, tanques y vehículos de combate de infantería en violación de los acuerdos de retirada de armamento pesado». Qué precedentes explican este aparente incremento de la tensión fronteriza. Ucrania ha reforzado en los últimos tiempos sus acercamientos a la OTAN, algo que no ven con buenos ojos en Moscú.

Recordemos que, ante una eventual entrada de Ucrania en el bloque del Tratado Atlántico Norte, todos sus miembros estarían obligados a responder de forma conjunta y solidaria ante una agresión militar por parte de Rusia o de quien fuere. Según el Ministerio de Defensa ucraniano, Rusia «ha aumentado el número de parejas de francotiradores para infligir pérdidas, destruir elementos de videovigilancia y provocar fuego de represalia». De acuerdo con la inteligencia militar de aquel país, Rusia lleva incluso a cabo entrenamientos con francotiradores en Donetsk y Lugansk, donde se centra el combate, que ya se ha cobrado la vida de unas 14.000 personas, según la ONU.

Kiev hace esta acusación poco antes de una videoconferencia entre el presidente de Rusia y su homólogo estadounidense, Joe Biden, para tratar de rebajar tensiones. Y es que según Estados Unidos y el Gobierno de Volodímir Zelenski, Rusia concentra entre 70.000 y 94.300 soldados en la frontera con Ucrania con el propósito de atacar al país vecino. Las operaciones militares darían comienzo a finales de enero de 2022. Esa invasión podría producirse, según Washington, con unos 175.000 soldados, además de artillería y otro tipo de armamento.

Entre tanto Moscú ha dicho públicamente que puede desplegar sus soldados dónde y cuándo le plazca, además de acusar a la OTAN de acercarse cada vez más a las fronteras rusas. Para el Kremlin una de sus líneas rojas es que Ucrania se convierta en miembro de la OTAN y los aliados emplacen armamento y efectivos de forma puntual o permanente en territorio ucraniano. Rusia a su vez acusa a Ucrania de querer retomar por la fuerza los territorios separatistas en el Donbás, algo que Kiev ha negado rotundamente al asegurar que apuesta por una solución diplomática y pacífica al conflicto.