A couple of days ago in the Fagradalsfjall crater. https://t.co/jyWXUcoW0Z | Twitter: @DEEMteam_Orsay

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Islandia es la prueba de que Reyes Maroto, o quién le asesorara, no iba totalmente desencaminado. El país escandinavo, conocido alrededor del mundo por su salvaje e inhóspita belleza natural, es escenario habitual de las erupciones volcánicas. Los islandeses no solo se han habituado a coexistir con esta realidad sino que ahora le sacan rédito económico.

La erupción de fisura del Fagradalsfjall, frente a Geldingadalir, comenzó la noche del viernes 19 de marzo de este año, y todavía se mantiene seis meses después. Es el primer volcán activo en el área del Geoparque Mundial de la UNESCO de Reykjanes, cerca de la capital Reykjavik, en 800 años y ello es un hito que se aprovecha desde el punto de vista turístico.

La erupción del volcán islandés se puede ver en una transmisión en vivo en la web turística de Islandia. Además se promocionan exploraciones «seguras» en la zona. Cómo ha llegado a convertirse un fenómeno natural extremo en una atracción turística más, visitada ya por 300.000 personas.

Las redes sociales asistieron a este fenómeno desde el minuto uno de su nacimiento. Aun hoy se pueden encontrar fácilmente vídeos de personas que se han acercado a pocas decenas de metros hasta el rastro de lava. Allí las autoridades no han vetado por completo el acceso al lugar.

El secreto está en monitorizar la situación del volcán de forma constante. Cuando los científicos detectan que el flujo de magma crece en exceso reaccionan rápidamente y cierran el área alrededor del Fagradalsfjall. Todo el mundo lo entiende, puesto que se toma la medida por razones de seguridad, según la policía de Suðurnes.

La erupción volcánica coincidió en el tiempo con la reapertura de Islandia al turismo tras las restricciones de la pandemia de coronavirus. Desde el primer día la posibilidad de acercarse a la tierra ardiente ha tenido mucha aceptación entre los visitantes.

Cuando no existe peligro se produce el pertinente aviso y las empresas turísticas que cuentan con autorización para trabajar en la zona se ponen manos a la obra. Miles de personas han contemplado ya en directo este espectáculo natural y nadie por ahora ha salido 'escaldado' de la experiencia.