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Visto lo visto durante la pandemia, se puede afirmar que los políticos españoles carecen de criterio propio. Su máxima es imitar lo que hacen otros de forma que, en caso de ser cuestionados, puedan escudarse en que no son los únicos que han perdido la cabeza. Ha ocurrido en las autonomías y ocurre también en el gobierno central. Da lo mismo cómo se comporte el virus, la cuestión es aplicar medidas ya aplicadas por otros, aunque en sentido estricto parezcan absurdas, aunque no sean traspolables, aunque no sirvan para nada.

Por eso es importante que este miércoles, Angela Merkel, la canciller alemana, anunciara un nuevo confinamiento para toda Alemania (156 casos por cien mil habitantes), prácticamente tan severo como el primero que, hemos de recordarlo, no era tan estricto como el de España. El mismo día, con minutos de diferencia, Emmanuel Macron comunicaba en París su decisión de bloquear Francia (660 casos por cien mil) durante al menos un mes. La segunda oleada de confinamientos ha llegado a Europa y pronto, como habrán adivinado, será imitada en España (470 casos).

El referente en todo esto es Merkel: es la única política europea que está demostrando solvencia y a quien todos los demás gobernantes, en su mayor parte de una mediocridad bochornosa, siguen a ciegas. Haga lo que haga, todos se sienten legitimados para imitarla. Observen: Merkel confina Alemania con 156 contagios, mientras que Bélgica y Chequia no lo habían hecho con más de 1.400 casos.

Hoy, tras el anuncio alemán, hemos de prepararnos para otra incoherencia descomunal: pese a que en España llevamos desde finales de agosto con más de 300 casos por cien mil habitantes, seremos ahora urgentemente confinados porque Alemania así lo ha decidido. Después de diez semanas peleándonos entre nosotros, ahora sí que nuestros 470 casos serán suficiente motivo para aislarnos. Es que ahora tenemos un escudo protector: «oigan, que Alemania también lo hace».

Entre lo que no saben y lo que no se atreven a hacer por miedo a las urnas, en unos meses no quedará ni rastro de credibilidad en nuestros políticos.