Alí Abdulá Salé fue uno de los pocos líderes que sobrevivió a las revueltas de la llamada 'Primavera árabe'. | Reuters

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Alí Abdulá Salé, quien gobernó con puño de hierro Yemen durante 33 años, hizo su última apuesta política este fin de semana y la perdió este lunes, encontrando su muerte a manos del movimiento huthi, sus hasta ahora aliados en la guerra civil que asola el país.

Fuentes del Congreso General del Pueblo (CGP), su partido, han confirmado a Reuters que Salé, de 75 años, ha muerto fuera de la capital en lo que fuentes huthis han definido como un ataque con una granada propulsada por cohete RPG y posteriores disparos.

Maestro en tejer alianzas y hacer avanzar sus intereses personales y los de su familia en la sociedad yemení, fuertemente armada y tribal, Salé unificó su país por la fuerza, pero también ayudó a dirigirlo hacia su caída en la última guerra.

El sempiterno superviviente de Oriente Próximo llegó a comparar dirigir Yemen con «bailar sobre la cabeza de serpientes», gobernando con expertas dosis equilibradas de generosidad y fuerza, y consiguió sobrevivir a otros líderes árabes muertos o depuestos durante los levantamientos que estallaron en 2011.

Arrinconado por las protestas de la 'Primavera Árabe', Salé mostró una críptica sonrisa cuando firmó su renuncia en una ceremonia televisada en 2012.

Alianza con los huthis

Tras enfrentarse en seis guerras con los huthis entre 2002 y 2009, cerró una inesperada alianza con el grupo que se hizo con la capital, Saná, en septiembre de 2014 y que en último término se volvió en su contra.

Ambas partes se han enfrentado durante este tiempo por la supremacía sobre el territorio que controlaban juntos. Los huthis probablemente nunca perdonaron que sus fuerzas mataran a su fundador y padre del actual líder, Abdulmalik al Huthi, quien este lunes ha celebrado su muerte.

Temiendo que los huthis sean un agente de su archienemigo Irán, la alianza liderada por Arabia Saudí trató desde marzo de 2015 de ayudar al Gobierno yemení reconocido internacionalmente y encabezado por Abdo Rabbu Mansur Hadi para que ganara el conflicto.

Las fuerzas partidarias a Salé y los combatientes huthi han soportado miles de bombardeos aéreos por parte de la coalición en estos años. Pero, mientras el país se encuentra sumido en la mayor crisis humanitaria actual, los intercambios de responsabilidades por la situación económica en el norte del país bajo su control llegaron a su punto álgido el miércoles, cuando estallaron enfrentamientos en la capital entre sus partidarios.

Tras ello, los acontecimientos se han precipitado. El sábado, Salé dijo que se había iniciado una «revolución contra la agresión huthi» y se ofreció a abrir una «nueva página» en la relación con Arabia Saudí, que rápidamente aceptó la mano tendida por el expresidente y el domingo comenzó a bombardear posiciones de los huthis en Saná, que han continuado este lunes.

Salé parecía hasta ahora sólido en uno de los países más pobres e inestables del mundo. Había conseguido enfrentar a sus enemigos entre sí mientras el país se veía desestabilizado por grupos tribales, movimientos separatistas y milicianos islamistas.

Renuncia tranquila

Cuando aún era presidente, consiguió sobrevivir a un atentado con bomba en la mezquita de su palacio en 2011 en el que murieron altos cargos y que le dejó desfigurado. Mientras otros líderes eran derrocados en la Primavera Árabe, él consiguió encontrar el modo de retirarse pacíficamente a su villa en la capital y orquestar su retorno.

Así, pese a verse obligado a dimitir en 2012 en favor de su entonces vicepresidente, Abdo Rabbu Mansu Hadi, en virtud de un plan de transición facilitado por los países del Golfo tras multitudinarias protestas en su contra, Salé consiguió la inmunidad y siguió siendo un potente actor político.

El siempre diestro Salé fue una figura clave en la guerra, en la que han muerto al menos 10.000 personas, dos millones de han visto desplazadas y que ha dejado al país al borde de la hambruna y haciendo frente a la mayor epidemia de cólera de su historia.

Trayectoria

Salé se convirtió en el gobernante de Yemen del Norte en 1978 en un momento en que el sur era un país independiente con un régimen comunista, y lideró el país después de que ambos se fusionaran en 1990. Sus detractores a menudo se quejaban de que Yemen bajo Salé no cumplía las necesidades básicas de sus habitantes, con dos de cada tres ciudadanos viviendo con menos de 2 dólares al día.

Salé consiguió mantener a Occidente y las potencias árabes de su lado, presentándose como un aliado clave de Estados Unidos en su guerra contra el terrorismo. Recibió decenas de millones de dólares en ayuda militar por parte de Washington para unidades comandadas por sus familiares.

Tras los atentados del 11-S en 2001, Yemen entró en el radar de Washington como una fuente de combatientes para la organización terrorista de Usama bin Laden, Al Qaeda. Bin Laden nació en Arabia Saudí aunque su familia procedía de la región yemení de Hadramaut.

Salé cooperó con las autoridades estadounidenses mientras la CIA incrementaba sus ataques con 'drones' contra dirigentes de Al Qaeda, que también dejaron decenas de civiles muertos.

Nacido en 1942 cerca de Saná, recibió solo una educación limitada antes de unirse al Ejército. Su primer logro se produjo cuando el presidente Ahmed al Ghashmi, que procedía de la misma tribu hashed que Salé, le nombró gobernador militar de Taiz, la segunda ciudad de Yemen del Norte. Cuando Ghashmi murió por la explosión de una bomba en 1978, Salé le reemplazó.

En 1990, la caída de la Unión Soviética ayudó a empujar la unificación de Yemen del Norte con los socialistas de Yemen del Sur. Salé enfureció a los aliados del Golfo por mantenerse al lado de Sadam Husein durante la invasión de Kuwait en 1990-1991, lo que llevó a la expulsión de cerca de un millón de yemeníes de Arabia Saudí.

Pero entonces se ganó los elogios de las potencias occidentales por llevar a cabo las reformas económicas formuladas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, e hizo esfuerzos por atraer a inversores extranjeros.

Consiguió la victoria cuando los sureños intentaron secesionarse del Yemen unido en 1994 y se acercó a Arabia Saudí, a la que ayudó a propagar el wahabismo, su visión radical del islam suní.

El hijo de Salé, Ahmed Alí, vive bajo arresto domiciliario en Emiratos Árabes Unidos, donde fue embajador antes de forjarse la alianza entre los huthis y Salé. Ahmed Alí, un poderoso excomandante a quien su padre parecía estar preparando como sucesor, podría ser la última opción de la familia de recuperar la influencia.