José Sócrates hace historia en Portugal tras ser detenido por corrupción

| Lisboa, Portugal |

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El socialista José Sócrates ha hecho historia en Portugal tras convertirse en el primer exjefe del Gobierno del país detenido y llamado a declarar como sospechoso de fraude fiscal, blanqueo de capitales y corrupción, lo que ha provocado un terremoto político.

Tras pasar la noche en dependencias policiales, Sócrates fue trasladado a la Ciudad de la Justicia de Lisboa, donde está llamado a declarar esta misma tarde en el Tribunal Central de Instrucción Criminal.

El interrogatorio del político tendrá lugar cuando concluyan los de los otros tres arrestados en la misma causa.

Además de Sócrates fueron detenidos el pasado jueves el empresario Carlos Santos Silva; el abogado Gonçalo Trindade Ferreira y el chófer João Perna, anunció hoy la Fiscalía General de la República, en una nota en la que aclaró que esta investigación se centra en «operaciones bancarias, movimientos y transferencias de dinero sin justificación conocida y legalmente admisible».

Aunque se ha decretado el secreto de sumario, analistas y medios apuntan que las pesquisas se centran, entre otras cuestiones, en el origen de una fortuna de al menos 20 millones de euros del exjefe del Ejecutivo, y de otros 3 millones de euros que supuestamente pagó Sócrates por un piso de lujo en París.

Su vivienda en Lisboa, que inicialmente perteneció a su madre y ahora está a nombre del empresario Carlos Santos, otro de los detenidos, ha sido hoy objeto de registros judiciales en los que ha estado presente el propio Sócrates, que encabezó el Gabinete entre 2005 y 2011.

Santos Silva, que tuvo otro apartamento en el mismo edificio, es amigo personal del ex primer ministro y fue administrador del grupo empresarial Lena, cuyas instalaciones también fueron registradas.

El caso está en manos de Carlos Alexandre, considerado un juez 'estrella' en Portugal, donde en unos meses detuvo al que fue uno de los hombres más poderosos del país y cabeza visible del emporio de los Espirito Santo, Ricardo Salgado, y a altos cargos del Estado implicados en una trama corrupta sobre la concesión de visados a inversores extranjeros, por la que dimitió la semana pasada el ministro del Interior.

En el ámbito político las reacciones se han caracterizado por la prudencia aunque, desde su propio partido, el candidato socialista a primer ministro y actual alcalde de Lisboa, António Costa, ha pedido a los militantes que no confundan los sentimientos de amistad o la solidaridad con la acción política del PS, «que es esencial preservar».

Desde los sindicatos, el secretario general de la mayor central sindical de Portugal, la CGTP, Arménio Carlos, se limitó a decir que «es la justicia la que tienen que funcionar» pero aclaró que «hay que combatir el problema que tenemos en Portugal».

Calma también en el Partido Social Demócrata (PSD), que gobierna en coalición con los democristianos, y cuyo vicepresidente Marco António Costa hizo hincapié en que se trata de un «tema judicial» y no político, y hay que aguardar «serenamente» a que la justicia haga su trabajo.

José Sócrates dejó el Gobierno tras las elecciones de junio de 2011, celebradas en medio de una fuerte crisis que le obligó a firmar la ayuda para el rescate internacional al país.

Carismático, optimista, tenaz, con dotes de oratoria y muy activo, José Sócrates Carvalho Pinto de Sousa, de 57 años, se mudó a París, a estudiar un máster en Teoría Política, tras perder las elecciones anticipadas de 2011 frente a los conservadores del PSD.

Después de más 25 años en la política, al que también fue ministro de Ambiente ya se le había asociado a otros casos de corrupción, como el vinculado al centro comercial Freeport o la operación Montebranco, relacionada con el extinto Banco Espírito Santo (BES).

Sócrates siempre tuvo fama de socialista poco ortodoxo y la resonante victoria que regaló a su partido en 2005 puso en marcha una especie de «tercera vía» a la portuguesa.

Licenciado en Ingeniería Civil, ingresó en las juventudes del Partido Socialista poco después de la Revolución del 25 de abril, con dieciséis años.

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