Partidarios de Mursi cargan con un compañero herido en los disturbios. | Agencias

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La Presidencia egipcia decretó hoy el estado de emergencia en todo el país durante un mes a partir de las 16.00 hora local (14.00 GMT), tras los disturbios de las últimas horas en distintas provincias con numerosas víctimas.

Según un comunicado de la Presidencia, leído en la televisión estatal, la decisión fue adoptada debido al «peligro» que se cierne sobre «la seguridad y el orden en los territorios del país».

El presidente interino egipcio, Adli Mansur, encargó a las fuerzas armadas, con la ayuda de la policía, adoptar las «medidas necesarias» ante esta situación.

Las autoridades denunciaron «actos intencionados de destrucción y ataques contra instalaciones públicas y privadas y la muerte de ciudadanos a manos de grupos radicales». Esta medida de excepción ha contado con la aprobación del Consejo de Ministros.

Los disturbios se han extendido por distintas partes del país, después de que la policía iniciara esta mañana una operación para desmantelar las acampadas de los seguidores del depuesto presidente Mohamed Mursi en las plazas de Rabea al Adauiya y de Al Nahda, en El Cairo.

El Ministerio de Sanidad confirmó la existencia de 95 muertos y 874 heridos en choques en distintas provincias de Egipto, según la televisión estatal.

El estado de emergencia estuvo en vigor en Egipto con la excusa de la lucha contra el terrorismo desde 1981 hasta mayo de 2012, cuando decidió no renovarlo la junta militar que gobernó el país desde el derrocamiento del régimen de Hosni Mubarak (1981-2011) hasta la ascensión de Mursi al poder en junio del año pasado.

Con el estado de emergencia se suspende un gran número de derechos personales, civiles y políticos como el de huelga, el de ser asistido por un abogado en caso de ser detenido o a celebrar mítines políticos.

Esta medida da manos libres a los aparatos de seguridad para irrumpir en una vivienda y detener a cualquier persona de manera indefinida sin necesidad de notificarlo a las autoridades judiciales.

Dimisión de el Baradei

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El vicepresidente egipcio de Relaciones Exteriores, Mohamed el Baradei, renunció hoy al cargo, tras los disturbios de las últimas horas en el país, en una carta dirigida al jefe de Estado interino, Adli Mansur.

«Presento mi dimisión del puesto de vicepresidente y pido a Dios el altísimo que preserve nuestro querido Egipto de todo lo malo, y que cumpla las esperanzas y aspiraciones de pueblo», explicó El Baradei en su misiva.

«Ha llegado a ser difícil para mí continuar al frente de la responsabilidad de tomar decisiones con las que no estoy de acuerdo y de las que temo sus consecuencias», agregó el premio Nobel de la paz egipcio.

En ese sentido, señaló que no es capaz de asumir la responsabilidad de una sola gota de sangre ante Dios, ante su conciencia y los ciudadanos, especialmente, porque estaba convencido de que la violencia era evitable.

Advirtió de que «lamentablemente los que se benefician de lo sucedido hoy son quienes llaman a la violencia, al terrorismo y a grupos más extremistas».

El Baradei llevaba en el cargo desde el pasado 14 de julio, después del golpe de Estado militar que depuso al presidente, el islamista Mohamed Mursi, el día 3 de ese mes.

En el texto, el exdirector del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) apuntó que ha intentado defender en su puesto los principios de la Revolución del 25 de Enero, que derrocó al régimen de Hosni Mubarak en febrero de 2011.

«Creo que la estabilidad y la prosperidad solo se lograrán mediante un consenso nacional, y la paz social, a través de la creación de un Estado civil, en el que no se implique la religión en política», indicó.

Destacó que hay grupos que adoptan la religión como «un telón» y que tuvieron éxito en dividir el país tras alcanzar el poder hace un año, en referencia a los Hermanos Musulmanes, grupo en el que militó Mursi hasta que accedió a la Presidencia.

Apuntó que con el derrocamiento de Mursi esperaba que se pusiera fin a la polarización y que por ese motivo aceptó el cargo.

Sin embargo, con el cambio de autoridades, «hemos llegado a un estado de polarización más dura y el tejido social está amenazado porque la violencia no trae más que violencia», lamentó.