El ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, y su homóloga estadounidense, Hillary Clinton. | MIKE THEILER

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El más que precario alto el fuego alcanzado en Siria desde ayer abrió una rendija a la esperanza hacia el cese de la violencia, aunque la oposición denunció que las muertes continuaron y que las tropas del régimen no se han replegado.

Aunque resulta imposible conocer la realidad sobre el terreno por las restricciones del régimen de Bachar al Asad a los informadores, todos los indicios apuntan a que el ritmo letal de muertos diarios se redujo significativamente respecto a las últimas jornadas.

La red de activistas sobre el terreno Comités de Coordinación Local (CCL) señaló que al menos una veintena de personas murieron por la represión del régimen, si bien Naciones Unidas avaló la implementación del alto el fuego por parte del régimen sirio.

Tanto el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, como el enviado conjunto de Naciones Unidas y la Liga Árabe, Kofi Annan, aseguraron con cautela que la situación es «más tranquila» en el país.

Manifestaciones

La relativa calma que respiró Siria después de meses de masacres y de duros enfrentamientos entre el rebelde Ejército Libre Sirio (ELS) y las fuerzas del régimen permitió que algunas manifestaciones volviesen a salir a las calles, después de haberse visto muy menguadas por la represión.

El activista Muyahid al Daguim, residente en la localidad de Yaryanaz, en la provincia norteña de Idleb, dijo que se celebró una manifestación en ese municipio que acabó sin incidentes.

Sin embargo, Al Daguim denunció que en la ciudad de Idleb, capital de la provincia, hubo dos explosiones y ráfagas de disparos desde un puesto de control establecido cerca del Hospital Nacional.