Un marinero grabó con el móvil el ataque de Corea del Norte a la isla surcoreana.

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Corea del Sur repelió los disparos que comenzaron a las 14.34 hora local (las 07.34 en Balears) y el intercambio de fuego entre los dos Ejércitos se prolongó durante unas dos horas en las que, según la agencia surcoreana Yonhap, un centenar de proyectiles de artillería norcoreanos cayeron en la isla surcoreana de Yeonpyeong, ubicada en la tensa frontera del Mar Amarillo y habitada por 1.700 civiles.
El balance hasta el momento es de dos marines surcoreanos muertos cinco militares heridos graves, otros once de carácter leve y cuatro civiles con lesiones, mientras el Ejército de Corea del Sur está en estado de máxima alerta. Tras abogar por la contención, el presidente de Corea del Sur, Lee Myung-bak, consideró que el suceso puede considerarse «una invasión del territorio surcoreano», con la gravedad que supone atacar a civiles, y pidió una respuesta al Ejército.
El general Lee Hong-ki, de la Junta de Jefes del Estado Mayor surcoreano, calificó de «premeditado» y «provocación militar» el ataque norcoreano, mientras el régimen comunista de Pyongyang acusó al Ejército surcoreano de iniciar el intercambio de disparos, en un comunicado divulgado por la agencia oficial KCNA.
Corea del Norte dijo que Seúl provocó los disparos con las maniobras militares anuales que realiza en la cercanías de esa zona, en las que participan unos 70.000 efectivos, y amenazó con una respuesta militar «sin piedad» si se ataca su territorio.
Incidente grave
El intercambio de disparos es uno de los más graves desde el fin de la Guerra de Corea en 1953, ya que nunca antes Corea del Norte había realizado un bombardeo a esa escala de un área con población civil. Este incidente se produce justo cuando habían aumentado las críticas a Pyongyang por un supuesto programa de enriquecimiento de uranio que ampliaría sus posibilidades de obtener ojivas atómicas.
Además, el régimen comunista de Kim Jong-il se encuentra inmerso en pleno proceso para consolidar en la sucesión hacia Kim Jong-un, el hijo menor del líder norcoreano, que recientemente fue ascendido a la cúpula de poder y es considerado el futuro heredero.
La comunidad internacional condenó con firmeza el ataque norcoreano, ante el temor de que esta acción agrave la tensión existente entre las dos Coreas. Estados Unidos, la UE, Rusia, Japón, Alemania, Reino Unido y Francia rechazaron la agresión y se mostraron preocupados, al igual que China, que además pidió que se verifiquen los disparos.
El Gobierno estadounidense aseguró que buscará una respuesta «moderada» y «unitaria» de la comunidad internacional al ataque, que definió como «acciones provocativas» del régimen estalinista.