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La campaña electoral en el Reino Unido ha experimentado un giro táctico entre los principales partidos, que han ajustado la estrategia para las últimas horas ante la tendencia cada vez más unánime de las encuestas, que apuntan a una victoria de los conservadores por minoría. La principal apuesta, laborista, extiende la corriente por el voto táctico, es decir, elegir la papeleta liberaldemócrata en las circunscripciones en las que el partido no tiene posibilidades.
El paso es arriesgado, puesto que confirma el desánimo en las filas de un Gobierno que no sólo perdería la mayoría absoluta, sino que pasaría a la oposición tras 13 años en el poder. La llamada no ha sido directa, de hecho, el aspirante a la reelección, por primera vez por la vía de las urnas, insiste en que su única apelación para pasa por el Laborismo.
Sin embargo, la aseveración de Brown contrasta con los movimientos estratégicos no sólo de los 'fontaneros' que trabajan sobre el terreno en las consideradas plazas marginales, sino con los pronunciamientos públicos de destacados miembros de su gabinete. Las llamadas, en este caso, son más subliminales pero, aun así, dejan abierta la puerta a evaluar una alternativa a la lealtad al partido con el objetivo de evitar un Ejecutivo conservador.
Sistema beneficioso
La idea no es nueva, durante la campaña ya había sido planteada, pero no ha sido hasta esta última fase de la carrera cuando se ha materializado como una llamada real. Ninguna encuesta ha otorgado a Brown mayoría absoluta desde que concluyó su efímera luna de miel con los votantes poco después de tomar el relevo de Tony Blair en verano de 2007. La única tentativa a su alcance es un sistema electoral que los beneficia, precisamente el mismo que los liberaldemócratas quieren reformar y que, aun así, los laboristas están dispuestos a someter a referéndum.
Sin embargo, aún con las ventajas de necesitar menos votos para conseguir un escaño, los sondeos confirman cada vez más las posibilidades de David Cameron de recabar no sólo más apoyo popular, sino un mayor número de escaños en Westminster. Hasta hace poco, los estudios demoscópicos ponían a los de Brown como principal grupo en el Parlamento, a pesar de figurar en tercera posición en papeletas. Como explicación sirve la traducción de los resultados de 2005. Cada asiento en los Comunes le costó al Laborismo 27.000 votos, a los 'tories' 44.000 y a la tercera fuerza, hasta 97.000.