Los restos del matrimonio Kazcynski ya descansan en Wawel

| Varsovia |

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Más de 90.000 polacos dieron ayer su adiós al presidente Lech Kaczynski y a la primera dama de Polonia, Maria Kazcynska, fallecidos la semana pasada junto con otras 94 personas en accidente de avión y cuyos restos mortales descansan ya en el castillo de Wawel, en Cracovia, tras el funeral de estado celebrado en la Basílica de Santa María de la ciudad polaca.
La ceremonia, que contó con la presencia en primera fila de la hija del matrimonio fallecido, Marta, y del hermano gemelo del presidente, Jaroslaw, fue oficiada por el cardenal y antiguo secretario personal de Juan Pablo II, Stanislaw Dziwisz, quien comenzó con un mensaje de reconciliación dirigido al presidente ruso, Dimitri Medvédev, uno de los pocos líderes mundiales que pudieron acudir al funeral a causa de la densa nube volcánica que ha paralizado el transporte aéreo en Europa.
El cardenal Dziwisz aprovechó para dar una cordial bienvenida a Medvédev, a quien le señaló que «esta tragedia debe ser una fuerza para el acercamiento y la reconciliación» entre Rusia y Polonia tras la tragedia ocurrida durante los años de la II Guerra Mundial.
Kaczynski, precisamente, volaba hacia Smolensk (Rusia) en el momento del accidente para acudir a una conmemoración del 70 aniversario de una masacre de militares polacos por las fuerzas de la entonces Unión Soviética en el bosque de Katyn.
En los aledaños de la basílica, más de 40.000 personas seguían la misa a través de las pantallas dispuestas en la Plaza del Mercado.
El presidente en funciones de Polonia, Bronislaw Komorowski, rindió tributo a los dos féretros que remataban la planta de la basílica, antes de expresar su esperanza en que «esta tragedia contribuya a cerrar la herida de Katyn».
Entre los aplausos de la multitud, los dos féretros fueron trasladados a través de las calles de Cracovia --delimitadas por banderas a media asta-- hasta la cripta catedralicia del castillo de Wawel, lugar de reposo de los reyes polacos y de héroes nacionales. Con el tañido de la inmensa campana de Segismundo la multitud irrumpió en aplausos y gritos de agradecimiento al fallecido presidente.

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