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EFE-SANTIAGO DE CHILE
Treinta y seis años después de haber sido detenido, torturado y acribillado a balazos en el cruento golpe militar chileno de 1973, Víctor Jara, considerado el músico popular más grande de Latinoamérica, fue despedido ayer por miles de personas en una emotiva manifestación de admiración y cariño. Jara, uno de los milles de ejecutados políticos de la dictadura de Augusto Pinochet, fue enterrado en el Cementerio General de Santiago de Chile el 18 de septiembre de 1973 por su viuda, Joan Turner, en una triste y solitaria ceremonia.

Pero, en junio pasado, su cuerpo fue exhumado del nicho para ser sometido a análisis forenses con el fin de esclarecer cómo y quién ordenó un asesinato cuyos autores todavía siguen sin ser castigados. Varios miles de personas que portaban banderas rojas y entonaban sus canciones se congregaron a primera hora de la mañana frente a la sede de la Fundación Víctor Jara, donde se realizó el velatorio del autor de «Te recuerdo Amanda», al que este viernes acudió la presidenta chilena, Michelle Bachelet. A las diez y media de la mañana, el ataúd de Víctor Jara fue depositado en la carroza fúnebre. Antes, sus restos habían sido envueltos en una manta multicolor que le regaló en vida Angelita Huenumán, una tejedora mapuche del sur de Chile que le inspiró la canción del mismo nombre.

Encima del féretro fue colocada la manta negra y roja con la que Víctor Jara solía presentarse en sus recitales en vivo y un ramillete de claveles rojos, símbolo de Partido Comunista de Chile, en el que militaba el cantautor, actor y director teatral. De unos gigantescos altavoces salía la voz de Víctor Jara interpretando «El derecho de vivir en paz» cuando el cortejo fúnebre se puso en marcha precedido por bandas de músicos populares, murgas y danzantes ataviados con trajes multicolores.

Detrás del féretro del cantautor, que iba sobre un coche mortuorio gris, marchaban su viuda Joan, sus hijas Manuela y Amanda, directivos de la Fundación Víctor Jara y dirigentes del Partido Comunista de Chile. «Compañero Víctor Jara, presente, ahora y siempre», «Verdad y justicia, no a la impunidad», corearon los asistentes que durante cinco horas recorrieron las calles de los barrios populares de la capital chilena. Mientras, desde los balcones y ventanas, cientos de personas saludaban el paso del cortejo, agitaban pañuelos blancos y lanzaban claveles rojos.