Imagen cedida por la Casa Blanca del 24 de enero, instantes antes de que el todavía senador Barack Obama jurara ante todo el mundo su nuevo cargo como presidente de los Estados Unidos de América.

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CÉSAR MUÑOZ ACEBES-EFE El Gobierno de Estados Unidos se ha dado cuenta de que no tiene ni idea de qué ha pasado con los 350.000 millones de dólares que ha dado a los bancos para que volvieran a conceder préstamos, aunque sí sabe que el crédito apenas ha aumentado.

«Algunas de las noticias que hemos visto en los últimos días hablan de empresas que han recibido ayudas y las han usado para reformar los baños o las oficinas», se quejó el viernes el nuevo presidente, Barack Obama.

Deben de ser baños de oro, porque 350.000 millones de dólares es más que todo lo que producen, por ejemplo, los argentinos en un año.
Neil Barofsky, encargado de supervisar el uso de los fondos, ha reconocido que «prácticamente se desconoce... lo que los receptores de las inversiones del departamento del Tesoro han hecho con el dinero y sus planes para cumplir con los requisitos de compensación».

El programa impuso límites a la remuneración de los directivos, pero los banqueros aparentemente no han tenido problemas en sortear el obstáculo.
Merrill Lynch
El caso más flagrante hasta ahora ha sido el del banco de inversión Merrill Lynch, que en diciembre otorgó a sus ejecutivos entre 3.000 y 4.000 millones de dólares en bonificaciones por buen desempeño, según ha revelado el diario The Financial Times.

El consejo directivo de Merrill otorgó las bonificaciones días antes de informar de pérdidas por valor de 21.500 millones de dólares en el cuarto trimestre y mientras Bank of America, que accedió a comprar el banco en octubre, llamaba a la puerta del Gobierno para pedir más ayudas para llevar a cabo la operación.

Los premios fueron aprobados en diciembre, en lugar de en enero, como es usual, aparentemente para impedir que Bank of America bloqueara la decisión.
Al final, quien pagó por todo fue el contribuyente estadounidense, que dará préstamos por valor de 45.000 millones de dólares a Bank of America.
Barofsky ha dicho que pedirá a todas las entidades que expliquen en un plazo de 30 días qué han hecho con los fondos.
Todo indica que la mayoría de los bancos ha agrandado sus reservas o lo han dedicado al pago de deudas y que no ha concedido más préstamos por miedo a que la crisis económica lleve a la quiebra al prestatario.