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El déficit alemán se situó en el 3,6 por ciento del PIB en el primer semestre del año, lo que indica una clara contención interanual, aunque tales indicios de recuperación no tengan el ritmo necesario para impulsar la carrera del canciller Schröder a la reelección.

Asimismo, el nivel de endeudamiento, 39.000 millones de euros, supone un descenso interanual de 4.000 millones, lo que según ese departamento se debe al crecimiento de los ingresos estatales.

De acuerdo con lo esperado, el déficit sigue estando por encima de las reglas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento Europeo, que Alemania ha incumplido tres años consecutivos y que vulnerará de nuevo no sólo este 2005, sino probablemente también en 2006 y 2007.

Un déficit del 3,6 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) para el primer semestre es un retroceso respecto al 4 por ciento del mismo periodo de 2004, según destaca el informe de la Oficina Federal de Estadística.

Para el gobierno de Schröder, el alto déficit es aún resultado del «estancamiento económico» de los tres años anteriores y se mueven dentro de los últimos pronósticos de sus expertos, apuntó un portavoz el ministro de Finanzas, Hans Eichel.

Sin el bloqueo presupuestario a una reducción de las subvenciones se lograría regresar a la vereda del Pacto el mismo 2006, añadió el portavoz. La oposición conservadora ha rechazado insistentemente, con su posición mayoritaria en la cámara alta, el propósito del Gobierno de suprimir estas ayudas fiscales.

Las explicaciones de Finanzas y la contención registrada no son suficientes para liberar a Alemania del calificativo de gran «pecador» fiscal. La Comisión Europea advirtió ya a ese país con un procedimiento sancionador, al superarse en 2004 por tercer año consecutivo el límite del 3 por ciento para el déficit se situó en el 3,7 por ciento.

Las amonestaciones de Bruselas bajaron entretanto de tono, puesto que el pasado marzo se aprobó una flexibilización del Pacto, atendiendo entre otras cosas a los argumentos alemanes del alto coste derivado de la reunificación, así como al hecho de que es principal contribuyente neto a las arcas de la UE. Al margen de las reacciones de Bruselas, está claro que la oposición, que sistemáticamente acusa a Schröder de haber hundido a Alemania en el «pecado» no dejaría pasar esa ocasión para insistir en ello.