Menorca y Eivissa (y 2)

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Les hablaba semanas atrás del libro ‘Menorca i Eivissa. Dues illes, dos relats històrics i econòmics’, de los profesores menorquines Guillem López Casasnovas y Miquel A. Casasnovas.

Pues bien, entre las medidas de política económica proponen que los poderes públicos favorezcan nuevas iniciativas relacionadas con servicios y actividades industriales de futuro, la desestacionalización turística y la mejor vinculación de la producción local con la demanda exterior, denunciando que la oferta local precisa de buena restauración, abastecerse mejor y un personal más profesional y mejor retribuido, sin faltar la discutible idea de que el destino del gasto turístico sean las empresas isleñas, como cuando se escribe que si se cobra fuera, el dinero se queda fuera, como si no se tuvieran que pagar las nóminas de las personas aquí empleadas ni todos los productos o servicios ofrecidos a cambio.

Creemos que el ecosistema turístico menorquín tiene camino por recorrer redefiniendo el marco legislativo para permitir todas aquellas iniciativas que más le interesen, sea quien sea quien las lleve a cabo, mientras se realicen dentro del marco de actuación que los menorquines hayan decidido. No tenemos ninguna aversión, ni siquiera nos provoca disgusto que el capital de las inversiones a realizar en las islas sea foráneo, mientras cumpla escrupulosamente todas las normas del marco legislativo vigente, establecidas con el fin de lograr el bienestar general en las Islas. No podemos pensar nunca que el retorno de las inversiones promovidas desde el exterior quede fuera, solo los beneficios si los hay, después de haber pagado todos los costes, gastos e impuestos en las Islas.

Siguiendo con las citadas medidas, claman por la cobertura completa de redes de telecomunicaciones, el soterramiento del cableado eléctrico, más transporte colectivo, el individual más eléctrico y unas islas sin plásticos. En cuanto a la fiscalidad, generalizar el impuesto sobre estancias turísticas, hacer tributar los coches de alquiler matriculados fuera e incluso plantear un impuesto sobre la movilidad mediante un recargo estacional sobre hidrocarburos, poniendo más el énfasis en mejorar la financiación de las haciendas públicas locales y autonómicas isleñas que en perseguir la tributación de los alquileres no empresariales de las viviendas vacacionales.

La mejora constante de la calidad de todo producto turístico tendría que ser una tarea continua con el fin de posicionar la renta del sector turístico al mismo nivel que el industrial. Turismo sí, pero también que merezca la pena en términos de renta. En resumen, una obra interesante que invita a todos a la reflexión y a la clase política a pasar de poner el acento en el pasado a crear el mejor futuro para los isleños.

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