¿Por qué y cómo invertir en países emergentes?

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Se ha comentado mucho en esta sección la importancia de diversificar las inversiones en bolsa. Debe buscarse que los diferentes activos estén poco correlacionados, es decir, que se comporten de forma diferente. Una de las posibilidades para hacerlo es que la inversión tenga lugar en países emergentes. En todo caso, es imprescindible conocer por qué conviene invertir en países emergentes y en qué condiciones.

En mercados financieros, se entienden como tal a los iberoamericanos, africanos, de Europa del Este y de Asia (excluyendo Japón). De esta manera, el abanico es muy amplio, ya que casi medio mundo está englobado en esta categoría.

Hay tres factores que “exigen” estar invertidos en emergentes:

Por valoraciones se trata de las bolsas más baratas del mundo, muchas de ellas no se han recuperado de las crisis de finales del siglo pasado, mientras que su economía está creciendo con fuerza y ya no solo por las exportaciones, también por el consumo interno. La tendencia es positiva, no en vano la mayoría de índices presentan resultados muy positivos en los últimos meses. Por último, por mera diversificación vale la pena estar invertido en emergentes, especialmente cuando se dan los dos anteriores.

El porcentaje sobre el total de la cartera de renta variable invertido en estas bolsas no puede ser muy alto: aun siendo cierto que son los mercados más baratos, también lo es que son los más volátiles y los menos controlables. Es óptimo tener un 5-10%, teniendo en cuenta que las bolsas europeas y japonesas también están muy baratas y las americanas en plena tendencia alcista.

La mejor opción es hacerlo en fondos de inversión. De esta forma será el gestor el que elija las acciones, las zonas y las monedas concretas. Las buenas gestoras tienen gestores especializados en estos países, por lo tanto dejar que ellos gestionen esta cartera es lo más razonable para cualquier tipo de inversor. Incluso tiene menos riesgo hacerlo en fondos globales y no buscar alguno de países concretos (aunque estén “de moda”) y que sea, precisamente, el gestor el que mueva entre ellos cuando lo considere.