El activo más importante

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Las personas son el activo más importante en cualquier empresa, entidad u organización, más aún si nos referimos a una empresa de servicios como son la mayoría de nuestra comunidad autónoma. Si durante largo tiempo se consideró a las personas primero como mano de obra (simple fuerza de trabajo) y más adelante como un recurso, este concepto ha evolucionado, más aún en el siglo XXI, y las personas son consideradas el factor clave en cualquier organización, en verdad lo relevante, quienes aportan ventajas competitivas y permiten diferenciarse de la competencia.

Tal vez los principales objetivos de los responsables del área de personas de cualquier organización deban ser:
- Alinear a las personas con los objetivos de la organización procurando el mayor compromiso de aquellas.
- Procurar las satisfacción en el trabajo.
- Desarrollar líderes y formar equipos.
- Mejorar el desempeño optimizando la aportación de todo el colectivo.
- Atraer, fomentar y retener el talento.
- Fomentar la flexibilidad y adaptabilidad a las necesidades de la organización.


Hay quien tiende a pensar que esto es sumamente complicado pero, aunque no resulte sencillo, eso no es cierto en absoluto. Debe contarse con planes de inducción y acogida, de formación y desarrollo, así como de la evaluación del desempeño. Todo ello mantiene e incrementa la motivación y, por ende, la satisfacción laboral, de importancia capital, que reporta eficacia y eficiencia en los procesos, reducción de costes y del absentismo, es agente del cambio y de la mejora continua, amén de resultar el factor principal para la consecución de metas y objetivos.

Otra obviedad es que para conseguir resultados distintos hay que hacer cosas diferentes y en las organizaciones debe comenzarse por que las personas cambien. Una adecuada gestión del cambio es absolutamente necesaria, implementando una cultura del cambio que resultará determinante para el futuro de la organización. Ese cambio debe ser impulsado y liderado por el área de personas en coordinación y con el apoyo de la propiedad y/o dirección de la organización. ¿Cómo comienza el cambio? Por las personas. ¿Quiénes son los primeros en cambiar? Normalmente los líderes que creen en él firmemente y lo impulsan. La cultura se va conformando de forma gradual y con cambios que, a priori, pueden resultar irrelevantes.

¿Cómo podemos fomentar el cambio? Hay que minimizar el miedo al fracaso, se debe analizar de forma adecuada el desempeño de las personas, conviene crear espacios para la innovación y la creatividad, canales adecuados para el fomento de la participación permitiendo que el talento de la organización fluya y que exista la máxima comunicación entre las personas. La comunicación es vital y determina los resultados. Tan relevante es la claridad como la veracidad y la velocidad de lo que se comunica; la participación de todo el colectivo va a ser la diferencia entre el éxito, la mediocridad o el fracaso. La comunicación debe fluir de modo multidireccional.

Cualquier proyecto, pequeño o grande, temporal o indefinido, sencillo o de complejidad extrema, va a depender directamente de las personas. Si se pretende triunfar, ponga a las personas en el lugar que merecen, adecúe la organización en torno al personal y adopte las decisiones precisas para adquirir su compromiso permitiendo que el talento se ponga de manifiesto y fluya la comunicación.

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