Ángela del Cueto, en el puesto que Ca n’Aloe posee en el mercadillo de Sant Joan. | DE

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Las propiedades del aloe vera y sus efectos cosméticos cambiaron la vida de la asturiana Ángela del Cueto hace más de 15 años. Su sueño era vivir en Eivissa y la ‘planta de la belleza’ lo hizo posible cuando, en 1999, su pareja, el belga Frederic Van Cleemput, llevó su pasión por la alquimia al terreno profesional a través de la producción artesanal del gel puro de aloe vera.

En un principio, Frederic manufacturaba las cremas desprendiendo la gelatina de la hoja del aloe y mezclando la sustancia con otros tipos de productos de su propia cosecha. Frederic comenzó con un solo gel, pero enseguida tuvo un gran éxito ya que nadie conocía “el fantástico poder de penetración que tiene en la piel y que, añadido a otros productos, hace que sea buenísimo para el organismo”.

Sin embargo, según el alquimista belga, “con esto también llegó el Ministerio de Sanidad con sus exigencias y limitaciones, lo que nos hizo buscar un laboratorio que cumpliera con todas las normas de higiene y calidad europeas”.

“Como montar un laboratorio en Eivissa era carísimo”, lamenta Ángela, se asociaron con la familia Suñer, “gente de mucha confianza”, conocedores de la cosmética a nivel europeo y propietarios desde 1940 de un laboratorio en Valencia. Desde entonces, el negocio ha ido creciendo hasta consagrar a Ca n’Aloe como uno de los negocios familiares de este sector más populares en la Eivissa ‘auténtica’.

PRODUCTOS. La filosofía de la casa y la elaboración de los productos continúa siendo completamente artesana. Los productos están libres de conservantes, no contienen alérgenos y no son testados con animales, según explican los propietarios de Ca n’Aloe. La planta de aloe vera ‘barbadensis’ con la que trabajan para elaborar sus cremas proviene de cultivos biológicos, exentos de pesticidas y fertilizantes químicos. Y es que para Ángela el aloe es una planta mágica, una “estrella de la tierra” por su forma y por su poder curativo. “Quienes la prueban se convencen: la belleza y la curación están en la propia naturaleza”. De esta forma artesana producen geles hidratantes 100% aloe, cremas, geles relajantes, aceites naturales, champús, pastas dentales sin blanqueadores químicos o mascarillas de algas y arcilla.

Ca n’Aloe no aspira a aumentar o diversificar su negocio. “Así nos va bien, tranquilitos. Somos una empresa pequeña, pero efectiva y de calidad”, subraya Ángela, quien explica que su objetivo es “mejorar cada día, tratando de dar un buen servicio”. Así, no es de extrañar que Ca n’Aloe cuente con una clientela fija en la isla, tanto en invierno, donde montan un coqueto puestecillo en el encantador mercadillo de Sant Joan, como en verano, cuando sus visitantes foráneos encuentran su producto estrella en el conocido mercado de Las Dalias, en Sant Carles. Además, la empresa familiar vende sus productos también por internet a la Península a través de un servicio de mensajería que es un éxito.