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El pasado mes de septiembre tuve la oportunidad de participar en las jornadas que organizó el Institut Menorquí d’Estudis (IME) sobre la historia del turismo en Menorca. En ellas se hicieron aportaciones muy interesantes de la historia del turismo en nuestra isla desde sus orígenes a principios de siglo pasado. Lo que más me llamó la atención es que al final debatíamos los mismos problemas que ya se debatían al menos hace 30 años. Es decir, no hemos avanzado. En aquellos años los problemas eran importantes pero no urgentes. Contábamos con suficientes ventajas comparativas como para “mitigarlos”. La diferencia es que ahora estos problemas siguen siendo importantes y si cabe mucho más urgentes.

Uno de los datos que aporté fue la evolución de la tarifa media de la habitación de los hoteles cuatro estrellas en los últimos 10 años. Estas tarifas a precios corrientes han caído un 22,4%. Es decir no hemos sido capaces de al menos mantener siquiera su valor en estos 10 años. Pero, ¿entonces por qué decimos que la industria va tan bien? Sencillamente porque mantenemos un nivel de ingresos debido a que crecemos en volumen, no en valor añadido. La urgencia está en que este modelo solo es sostenible si somos capaces de crecer en volumen, cosa que no es posible pues nuestros recursos son limitados.

Escasez de recursos, crecimiento de la oferta, presión de los destinos competidores, transparencia del mercado, productos alternativos... todo esto hace que nuestra industria no pueda sobrevivir solo con crecimiento de volumen y unas pocas innovaciones incrementales. ¿Tendremos en 20 años un futuro como el que tuvieron, hace no más de treinta, industrias florecientes en Menorca como el calzado y la bisutería? Si no somos capaces de transformar el modelo actual en un modelo totalmente nuevo podríamos llegar a mirarnos en el espejo de estos dos sectores. La buena noticia es que hoy todavía tenemos capacidades y ventajas comparativas sobre las que apalancarnos para realizar esta transformación necesaria. Transformación que consiste en migrar de la economía de servicios a una economía de experiencias y emociones. Para ello, desde mi punto de vista, a nosotros, empresarios, nos hacen falta actitud proactiva, tener la visión y capacidad de liderazgo.

Ejemplos de transformación de empresas de estos sectores, que hoy han dejado de ser relevantes, las tenemos. Donde algunos empresarios que se dieron cuenta a tiempo y con actitud, visión y liderazgo, supieron transformar su modelo. Haciendo las cosas de forma diferente, dejando de vender zapatos o bisutería para vender estilo de vida, glamour… y por supuesto zapatos y bisutería de gran calidad. Construyeron un futuro más allá de SU 2030.