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Ya sabemos que si consultamos a un número suficiente de expertos, o invertimos la suficiente cantidad de tiempo/dinero, podremos confirmar (casi) cualquier opinión. Supongo que es por este motivo por el que, alrededor de la empresa, siempre pulula una pléyade de expertos y pseudoexpertos ofertando los más variados asesoramientos. El problema es que detrás de una verborrea técnica, o de un argot ininteligible, es muy difícil diferenciar a los unos de los otros y cuando el gerente cala a un charlatán puede ser tarde, y no puede evitar sentirse decepcionado.

Hay un libro que está de moda, de esos a los que llamamos de autoayuda, titulado “Los 88 peldaños del éxito”. Su autor es Anxo Pérez. Se lee en una tarde o - si eres como yo - poco a poco gracias al picoteo de artículos.

La recomendación (peldaño) 56 señala que “el 80% de lo que necesitas está en el 20% de lo más útil”. Dando por supuesto que no podemos entender de todo, la clave está en saber lo 20% más útil de las áreas que son de nuestro interés. En la mayoría de los casos bastará con aprovechar un par de horas de alguien que sepa explicarnos lo básico. Pese a todo, hay un motivo por el que nunca conseguimos alcanzar ese 20% de conocimiento útil, y no es porque no le dediquemos nuestro tiempo sino por lo que el libro denomina “dilema centro-periferia”.

La causa por la que no conseguimos destilar la esencia de las cosas viene dada por el enfoque que le dan algunos profesionales, que, en la mayoría de los casos, van a preferir hablarnos de la periferia de los asuntos. Si son verdaderos expertos lo harán porque el centro les parecerá obvio y aburrido y, en el caso de los pseudoexpertos, porque apenas han descubierto ese 20% útil y lo diluyen como si de una fórmula homeopática se tratara. Todo ello hace que cualquier aproximación a un nuevo “saber hacer” (Know-How en inglés) nos resulte imposible acudiendo a estos revendedores de conocimientos.

A mí también me pasa. Acudes a conferencias/seminarios y ves cómo el individuo que tienes delante se tira toda la charla hablando de la periferia, de lo complicado que es todo y de lo mucho que lo necesitas. Eso o - peor aún - ves a un tipo parapetándose detrás de un PowerPoint, que habla y habla sin aportarte nada. Todos ellos son, en definitiva, rufianes del conocimiento.