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Los grandes pintores de finales del siglo XIX y primer cuarto del XX, amigos ellos dos, que estuvieron y vivieron en Mallorca fueron Joaquín Sorolla (1863-1923) y Hermenegildo Anglada Camarasa (1871-1959) que en su momento parisino era uno de los pintores más cotizados del mundo gracias a los muchos y riquísimos clientes que tenía rusos.

En 1919 Sorolla y su mujer, Clotilde, estuvieron un par de meses tanto en Mallorca como en Ibiza. En ese periplo hicieron muy buenos amigos: la pintora Pilar Montaner (a quien conocía desde 1906), Juan Sureda, los fotógrafos Guillem Bestard y Narcís Puget, en el caso de Ibiza, así como Carlos Román que le regaló algunas piezas arqueológicas ebusitanas.

Aprovechó aquel viaje el pintor para terminar de documentarse sobre los trajes típicos mallorquines. Uno de los cuadros que pintó en nuestra Isla fue el titulado Payesa mallorquina, parte del mismo está basado en una fotografía anónima (23,90 x 17,90 cm) en la que se aprecia a una payesa con el rebosillo en batista de lino o algodón blanco, muy fino y terminado en pico sobre el pecho; la falda larga plisada con estampado a rayas.

En el archivo del Museo Sorolla se encuentra también una postal de José Lacoste Borde, hecha entre 1900 y 1910, con toques de color, y en la que se ve a una maravillosa payesa pollencina.
Sorolla siempre se interesó por la indumentaria tradicional mallorquina, incluso en 1915 le escribió a Guillem Bestard, que precisamente se encontraba en Pollença, para que le dijera cuánto costaba comprar dos trajes, uno de payés y otro de payesa: costaban los dos 58 pesetas. Sin embargo, el valenciano finalmente no los compró. Cabe recordar que esta indumentaria típica cuando era de calidad era muy valiosa y las familias no solían desprenderse de ella ni venderla.