Arriba, Milly Alcock, como la joven princesa Rhaenyra.

Tres años después del último episodio de Juego de Tronos, muchos hogares se reunieron de nuevo frente a las pantallas para escuchar, una vez más, ese icónico acorde que protagonizaba los títulos introductorios de cada capítulo. ¡Y qué emocionante fue volver al rico universo de Poniente! HBO hacía de nuevo rugir a los Targaryen, su saga familiar más exitosa, quizá junto a Los Soprano con el estreno prometedor de La casa del dragón, un spin-off, que se sabe a la sombra de su antedecesora, pero lo asume y ya camina tras un solo episodio con su propio paso y con sus propias disputas palaciegas.

Y sí, es cierto, las comparaciones son odiosas, pero también inevitables cuando los ojos se posan de nuevo en los lugares que ya conocemos y los oídos escuchan nombres que a todos nus suenan: Desembarco del Rey, Aegon, Viserys. Incluso el de Daenerys aparece en pantalla al inicio. Pero es precisamente gracias a ese mundo en común que La casa del dragón se puede permitir el lujo de dar rienda suelta a las alas de sus dragones, que no tardan en aparecer, y poder crear una nueva telaraña de traiciones y alianzas.

Paddy Considine, Emma D’Arcy y Matt Smith.

Es verdad que hay ecos de la serie original no solo en las nomenclaturas, sino también en elecciones narrativas, como alguna escena de sexo que uno se pregunta a qué venía o la violencia ambiental –que no gratuita– que ya hemos visto y no sorprende. Esa dificultad se suma a los más que posibles líos ante tanta melena plateada, pero con una gran ventaja: toda la historia ya ha sido escrita en las obras de George R. R. Martin, por lo que la improvisación de los guionistas está, para bien o para mal, más limitada.

Cartel promocional de la serie.

Así pues, La casa del dragón promete una nueva reflexión sobre el poder, la codicia y las miserias humanas, como ya viéramos en su antecesora, pero con un universo que, aunque conocido, es lo suficientemente diferente como para explorarlo hasta unos confines redefinidos. Solo el tiempo –y su condicionante: los espectadores– dirán si los dragones llegan a ‘destronar’ a Juego de Tronos, valga la redundancia, pero no será fácil no solo por los ecos de su hermana mayor, sino por los vientos de Amazon y sus inminentes Anillos de poder. En cualquier caso, el primer rugido es fuerte y promete sangre y fuego a raudales.