La escritora Tània Juste presenta en Palma su nueva novela.

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Pocas veces un título es tan claro y define tan bien y en pocas palabras el contenido del libro. Amor a l’art (Columna), o Amor al arte en castellano (Maeva), la novela que le ha valido a Tània Juste(Barcelona, 1972) el Premi Prudenci Bertrana es un ejemplo de este esfuerzo de concisión. La autora recalará con este volumen mañana, a las 19.30 horas, en la Llibreria Lluna (Palma), que ya considera su «casa» mallorquina, pues allí presentó también Passatge al nou món (Columna, 2018) y recuerda que el público fue «muy participativo».

Ciertamente, Juste reconoce que «el título recoge mi amor incondicional por el arte, que a la vez es también lo que mueve e impulsa las vidas de las protagonistas, Olivia y Valèria Sans». Amor a l’art, pues, también es una «asignatura pendiente» que tenía la autora desde que se especializara en Història de l’Art por la Universitat de Barcelona. «Hace tiempo que sabía que, en algún momento de mi vida, querría llevar a cabo un proyecto para reivindicar a las mujeres artistas, pero hasta ahora, en mi sexta novela, no se ha materializado. Es un proyecto muy personal y quería estar preparada, pues es un ejercicio de mucha responsabilidad», cuenta. «El hecho de incorporar en la novela personajes tan admirados significaba un viaje inmersivo en todas las biografías de grandes artistas, lo cual requería un trabajo de investigación bastante profundo. Fue durante la pandemia que encontré el tiempo para dedicarme a ello», añade.

Y es que, como historiadora, Juste firma una novela con personajes históricos y detalles rigurosos, aunque advierte que no ha perdido de vista que se trata de una obra literaria. «Por eso las dos protagonistas son personajes de ficción, pero eso no quiere decir que no las haya construido con biografías de muchas mujeres reales», subraya. En el caso de Valèria Sans, matiza, «he intentado reconstruir el paradigma de mujer artista en el París de principios del siglo XX, de las vanguardias. Me he preguntado qué papel jugaban las creadoras en el mundo del arte o qué aceptación tenían en un mundo dominado por los hombres». Respecto a Olivia, una estudiante de la Barcelona de los años 70 que está a punto de licenciarse en Història de l’Art, Juste comparte algunos «interrogantes». «Como Olivia, me pregunté, mientras estudiaba, dónde estaban las mujeres artistas y, del mismo modo que ella, he querido desenterrar sus nombres», afirma.

Portada de la novela.

«Como apasionada del arte, mi deseo es ver el mapa completo de la historia del arte, pasearme por los diferentes movimientos artísticos, con nombres de hombres y mujeres que admiro. Por desgracia, los nombres de ellas, aunque lo merezcan, no estaban hasta ahora», lamenta. «Es verdad que, en las últimas décadas, una serie de expertas e historiadoras han ido recuperando muchas figuras. Por ejemplo, hace unos años, el Museu d’Art de Girona dedicó una gran retrospectiva a Olga Sacharoff –pintora que también aparece en la novela de Juste–. Es algo que hemos visto siempre en hombres, pero poco a poco parece que también va ocurriendo con las mujeres. Con todo, todavía nos queda mucho camino por recorrer», concluye.