La reconocida autora e ilustradora Florence Cestac, en las Jornadas del Cómic de Avilés. | Pilar Pellicer

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Florence Cestac (Pont-Audemer, Francia, 1949) es una de las autoras e ilustradoras de más renombre del cómic francés. En 1972 creó junto a su marido Étienne Robial la primera librería especializada en historieta de París y que sentaría las bases de la mítica editorial del mismo nombre. Ahora, la ganadora de prestigiosos premios como el Gran Premio de Angulema (2000) y del Gran Premio Saint-Michel (2014) rememora esta aventura editorial en La verdadera historia de Futurópolis, que publica el sello mallorquín Dolmen. Este fin de semana la autora ha participado en las Jornadas del Cómic de Avilés (Asturias) y en la Feria del Libro de Madrid.

Veinte años al frente de una editorial y de una librería bien merecen un cómic propio. ¿Cómo recuerda esa época?

—Fue una aventura humana extraordinaria, éramos como una familia, con papá, mamá y los niños; siendo los niños los autores. Estoy muy orgullosa de que se haya pubicado este libro en España. Ahora sé como es el trabajo desde que un autor crea una obra hasta que llega al librero. Al principio era un proceso muy experimental porque éramos tres personas. Dos autores gráficos y una persona a cargo de la gestión, pero teníamos más talento a la hora de la creación que de la gestión. Tanto que, al cabo de veinte años, tuvimos que acabar por vender la editorial. Y como siempre, el pez grande se come al pequeño, y acabamos formando parte del grupo editorial de Gallimard.

¿Por qué La verdadera historia?

—Es una referencia a un álbum de Jacques Tardi que publicamos en 1979, La verdadera historia del soldado desconocido. Pero también es una referencia a cómo ocurrieron las cosas desde el principio, desde la librería Futuropolis a la venta de la librería y la creación de la editorial. Como los álbumes que publicábamos estaban al margen del mercado de entonces, ya que no eran de tapa dura y a todo color, nos resultó imposible encontrar una distribuidora. Peor eso creamos la nuestra. En aquella época creamos el concepto de ‘cómic de autor’ al destacar y poner en grandes letras el nombre del autor y no del personaje. Se leía en la portada Tardi, Moebius y Gir, por ejemplo, y no el nombre de la colección. En aquel entonces era muy revolucionario.

Ha sido distinguida en varias ocasiones en el prestigioso Festival de cómic de Angulema, donde no abundan las mujeres.

—En las nuevas generaciones cada vez hay más autoras que van reclamando su espacio. En el futuro estoy segura de que habrá más creadoras que ganen estos galardones. El mundo del cómic en Francia es muy masculino, pero no necesariamente misógino. Nos toca a nosotras ocupar el lugar que nos corresponde. Si en mi generación éramos tan pocas seguramente sea porque no éramos muchas las que habíamos leído cómic de pequeñas y nos sentíamos cómodas con esta forma de expresión. Yo he leído desde niña los álbumos de mi hermano, así aprendí los fundamentos de la narración en cómic.

¿Cómo cree que ha cambiado el mundo del cómic en todos estos años?

—El noveno arte ha alcanzado un gran reconocimiento, algo que no ocurría en los años setenta. Ahora hay muchos autores y autoras, incluso demasiados, y eso plantea dificultades a la hora de vivir de su trabajo. Y al mismo tiempo se crean obras realmente destacadas en todos los ámbitos. Es un verdadero reto entrar en el mercado porque el listón está muy alto. Las cosas van cada vez mejor para los editores y cada vez peor para los autores.

¿Ve alguna tendencia o dirección, en temáticas o en formatos?

—Lo cierto es que sí. En Futuropolis creamos libros en todos los formatos posibles y ahora ya no supone ningún problema publicar algo en blanco y negro, novelas gráficas... el circuito ha crecido, las librerías y distribuidoras están abiertas a más cosas. Hoy en día hay mucas series y obras que se adaptan a televisión, al cine o al teatro. Eso es algo novedoso y supone una cantidad nada despreciable de los ingresos de algunos autores. Yo he vivido algo semejante con Le Démon de midi, adaptado primero al teatro y luego al cine. Daniel Pennac y yo hicimos un álbum juntos titulado Un amour exemplaire, que adaptamos a obra de teatro en la que ambos compartimo escenario. Yo dibujo y él cuenta la historia. Ha sido una experiencia innovadora que ha tenido mucho éxito tanto en Italia como en Francia.

¿Hay importantes diferencias entre el mundo del cómic frances y el español?

—No demasiadas, la verdad. Quizás en España hay una mayor presencia de cómics norteamericanos. En Francia, en cambio, hay menos. Y en España hay muchos dibujantes de un talento enorme, más que en Francia. Diría que, en líneas generales, los dibujantes españoles tienen más talento que los franceses en cuanto a dibujo realista.

¿En qué está trabajando ahora?

—Mi próximo álbum es un cómic erótico contado desde la perspectiva de una mujer. Se publicará en una colección titulada BDQ y saldrá al mercado el próximo mes de enero, coincidiendo con el festival de Angulema. Es la historia de una prostituta que cuenta su vida, las experiencias con sus clientes y con un enfoque muy humano sobre nuestra naturaleza.