Dominic Massó (en el centro de la imagen), es el líder del conjunto mallorquín The Prussians. | ARCHIVO

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En su último disco, el tacto epidérmico, sedoso y sensual de The Prussians contrasta con su alejamiento progresivo del sonido de guitarras. Mantra, el tercer LP de los mallorquines, es una declaración de intenciones artística más efusiva, explícita y decidida si cabe, en él todos los indicios de ambición y proyección comercial de la banda se amplifican con ímpetu en un sonido que busca un posicionamiento definitivo. Lo presentarán el 10 de septiembre en el Claustre de Sant Domingo de Pollença dentro del Sons de Nit.

En Mantra, Dominic Massó y compañía se marcan un giro copernicano, un salto de fe, un cambio tan profundo que sus consecuencias amilanarían a otros.

Pero The Prussians se ha lanzado al vacío sin miedo al qué dirán ni a las represalias de su público más fundamentalista. «El cambio surge de forma natural. Las influencias van cambiando a lo largo de los años y eso se ve reflejado a la hora de crear», explica Massó.

El nuevo vuelo musical no solo ha favorecido a sus canciones, también ha cambiado el ánimo de la banda, «salimos de los ensayos con diferente humor, vivimos la interpretación de forma más optimista». El oyente más sagaz descubrirá en Mantra deslumbrantes migajas de Noah Slee, Crooked Colours o Verzache, entre otros nombres que han dejado huella en la capacidad creativa de la banda. «Muchas de ellos también se autoproducen y se graban en sus estudios, eso nos ha hecho querer ser como ellos». Grabado en Karma Records, el estudio de Massó, Mantra es una mezcla de ambición y generosidad, un alarde que también es un abrazo, pero cantado de tal forma que termina convenciendo incluso a los más escépticos. Sus letras, cuenta Massó, «hablan de las relaciones interpersonales y de lo importante que es para el ser humano socializar».