La soprano de origen albanés Ermonela Jaho en una imagen promocional.

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La soprano albanesa, afincada en Nueva York, Ermonela Jaho es una de las más solicitadas del mundo musical. Su pasión por lo que hace es tan pura y extrema que, como ella misma dice, «en cada actuación lo doy todo porque puede ser la última». Su fuerza vocal y su energía interna podrán verse y escucharse este sábado en el Palau de Congressos de Palma, a las 20.00 horas, donde Jaho cantará canciones de su disco Anima rara junto a la pianista Elda Laro dentro de la tercera edición del festival MallorcÒpera.

Ella misma señala estar «muy emocionada y con ganas de ir a la Isla» en la que será su primera visita. «He oído y visto cosas maravillosas de Mallorca y tengo ganas de estar allí». Jaho se caracteriza por sus interpretaciones pasionales y su dominio del escenario, algo que no extraña al escucharla decir que «todo lo que tenemos hoy, mañana no sabemos si estará. La pandemia nos ha dado muchas lecciones en este sentido. Antes de la COVID ya pensaba así, pero ahora es más evidente y por eso siempre he dado todo lo que puedo en el escenario».

Además, valora que en «España tuvieran el coraje de arriesgar y abrir los teatros» al público de nuevo porque «los artistas, como los gladiadores, necesitamos de su rugido». De hecho, su conexión con el público no se limita a un simple ser escuchada, sino que va mucho más allá: «El público es el espejo del alma del artista. Reacciona a lo que damos en el escenario y es algo que necesitamos porque cantamos sentimientos y tienen que conectar con el público».

Experiencia

A pesar de tantos años de experiencia, Jaho también reconoce que «subir al escenario es lo peor» entre risas. Para ella, «es una mezcla de sentimientos. Es una tortura y un placer al mismo tiempo», pero merece la pena porque «hay actuaciones en las que hay una magia y una energía únicas y eso es mágico. Te sientes como volando y es muy difícil volver a la realidad».

Estas veladas y esa conexión con el público las describe la cantante como «una especie de auténtica droga o una adicción» en la que se unen la «necesidad de ser honesta sobre el escenario porque el público detecta la falsedad» y que, cuando la gente «ve a alguien así de sincero, le es imposible no conectar con él». Es en ese momento cuando, según explica Jaho, «público y artista nos abrazamos y no hay droga mayor que esa porque no hay adicción más real que la conexión entre los propios seres humanos».

Este sábado, a las 20.00 horas, el público y Jaho, con la inestimable compañía de EldaLaro, tendrán la oportunidad de regalarse mutuamente un reencuentro adictivo como los que describe la soprano albanesa. Tras 28 años de carrera, desde aquella primera vez que escuchó siendo una niña la Traviata en albanés, Jaho no ha dejado de cantar ni de darlo todo por una pasión que sabe «que no durará para toda la vida», razón por la cual, en cada noche, «actúo como si fuera mi última vez porque bien podría serlo».