La escritora Rosario Villajos ha publicado ‘La muela’ en la editorial Aristas Martínez.

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El próximo sábado a las 12.00 horas, la librería Drac Màgic de Palma acogerá la presentación de La muela (Ed. Aristas Martínez). Su autora, Rosario Villajos (Córdoba, 1978), traza un ácido retrato de aquella Generación X que huyó del estallido de la burbuja del ladrillo hacia Londres en busca de futuro mejor, aunque solo se toparon con trabajos precarios, vivienda a precios imposibles, una piel mediterránea y la realidad de que no tienen ni idea de inglés. La protagonista es Rebeca, integrante de «la Generación X que está rodeada de millenials. Se fue tarde a probar suerte en el extranjero», cuenta la escritora, que vivió en sus carnes el éxodo de españoles que escaparon de la crisis del 2008.

«Ella soy yo. La gente de mi edad no lo tiene resuelto en España y lo que ella no quiere es vivir esclavizada en un trabajo. Pero lo que se encuentra no es mejor para nada», dice Villajos.

Rebeca transita por diferentes empleos y habitaciones mugrientas en un Londres que no la acepta por su marcado acento, su tono de piel y la necesidad de buscar un futuro mejor. «Detrás de un libro hay una ideología. Soy Rebeca, como podría ser otro personaje, con su perro deambulando por la ciudad. Me apetecía hablar de todo lo que hay detrás. Yo la verdad es que fui afortunada [vivió siete años en Londres] pero he visto a mucha gente pasarlo muy mal».

La muela es el reflejo de una tara que acecha a Rebeca, a la que le falta una pieza dental y que se niega a reponer pese a que su hermana es dentista en Barcelona. Cargada de ironía y sirviéndose de recursos gráficos como la fotonovela, el libro cuenta el hundimiento de una mujer que teme hacerse cargo de su madre, discapacitada, y de los lazos familiares que la ahogan. Va tras un novio que la dejará varada en el extranjero y acaba liada con un sin techo cargado de mugre y enfermedades de transmisión sexual.

«Yo observaba que había gente a la que le daba vergüenza volver. Querían regresar, sintiendo que esa experiencia les había servido para algo», cuenta Villajos, que reconoce que «yo creía que era blanca hasta que me fui allí. Cuando buscas un trabajo tienes que rellenar un cuestionario donde indicas tu raza: puedes ser blanca o blanca europea, como los griegos o italianos».

Reconoce que lee las noticias post ‘Brexit’, con la huida de millones de extranjeros de Gran Bretaña: «Me parto de risa desde mi casa. Si se valoraran los trabajos de servicios como debiera, no pasaría. En uno de los capítulos hablo de que no se puede creer que en la hostelería hubiese sueldos tan bajos».

Villajos empezó limpiando, luego fue camarera y ascendió encargada de la máquina de cafés, hasta que dominó el inglés y encontró trabajo de diseñadora gráfica. La realidad inmobiliaria golpea a Rebeca y a los que osan poner un pie en Londres: «Por una habitación pequeñísima con una cama, una mesilla y un armario pagaba 900 euros con un sueldo de 1.500». La supervivencia en una ciudad hostil se torna un relato aterrador: «Había gente por la calle que estaba ida. Muchos jóvenes dormían en portales».

Y mientras tanto, resuena el eco de Yerma, de Federico García Lorca y esa maternidad que parece obligatoria en mujeres de 35 años como Rebeca. «Yo tenía muy presente El diario de Bridget Jones, pero pensaba: ahora te voy a contar cómo sería Bridget pasada por un basurero. Estoy quemada con la comedia romántica, harta de Amélie y de historias que luego no son así».