El investigador Joan Carles Simó en una imagen reciente. | Pere Bota

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«Cuando llegué a Mallorca tenía la sensación de que había un vacío en cuanto al estudio de Ramon Llull y pensé que había que llenarlo». Lo dice Joan Carles Simó, licenciado en Filología Clásica con especialidad en latín y Doctor en Filosofía y Letras. A la pregunta de a qué cree que se debía dicho hueco, contesta: «Creo que a que se ha asociado a Llull con algo muy difícil. Y efectivamente lo es». No en vano, Simó ha tardado 20 años en realizar la edición crítica y latina de una de las obras más monumentales de Llull, El arte de hacer y resolver cuestiones, con el prestigioso sello Brepols, y que el año que viene saldrá en la Neorl (Nova Edició de les Obres de Ramon Llull) del Patronat Ramon Llull. A pesar de la dificultad que entraña el sabio mallorquín, Simó no duda en reivindicarlo como «una figura muy actual y necesaria que, además, es interminable».

¿Qué es El arte de hacer y resolver cuestiones de Ramon Llull?
—Es el volumen más grande de la colección y una puesta en práctica del complejo sistema filosófico y científico que Llull había desarrollado en otras obras. Planteará casi 1000 preguntas sobre todo tipo de cuestiones sociales, físicas, anatómicas, etcétera. Es un precedente del quehacer científico y, por eso, Llull es tan importante en la historia del pensamiento europeo y mundial. Cosa que los alemanes tienen muy clara.

¿A qué cree que se debe que aquí parece haber pasado algo más desapercibido el estudio de Llull?
—No puedo aventurar mucho, pero siempre he tenido la concepción de que se entiende como muy difícil y por lo tanto es mejor no meterse porque conlleva mucho tiempo y sacrificio.

Usted, que ha dedicado 20 años a esta edición, ¿lo corrobora?
—Sí (risas), es difícil, pero al mismo tiempo es entrañable. Su manera de pensar y de afrontar las cosas la encuentro muy cercana. Buscaba lo común entre diferentes culturas y convencer con la razón, no ir pegando bofetadas. Era conciliador. Me parece que esto nos iría muy bien ahora, y no solo golpes de puño tanto literales como intelectuales. Creo que se debe revisar y leer continuamente.

¿Por qué considera, no obstante, que en Alemania sí le dan esa importancia?
—Ellos lo consideran una figura primordial del pensamiento, pero no sabían cómo clasificarlo. No hacía patrística, ni comentario de la Biblia. Estaba fuera de todo, por lo que pensaron que él mismo era una colección, y así nació la Raimundus Lullus Opera Latina.

¿Cómo fue esa investigación tan duradera y que, además, le ha llevado a Friburgo varias veces?
—Fue una propuesta de Toni Boner el hacer esta edición inédita de Llull. Empecé a comienzos de los 2000, pero eso no significa que haya estado a tiempo completo. Es un trabajo lento y en malas condiciones porque en Friburgo trabajaban con microfilms y tenía que ir allí a leerlos. Además, se me encomendó hacer la edición catalana también, y nos quisimos asegurar de que fuera lo más fiable posible, para lo que la digitalización ayudó mucho. Además, siempre con la ayuda del Instituto de Friburgo con Fernando Domínguez, su antiguo director, o ahora con Viola Tenge-Wolf.

Además no es solo ponerse a leer la obra de Llull, sino que requiere de una preparación previa importante en lenguas clásicas, ¿no es cierto?
—Sí, la lectura de los manuscritos ya comporta una dificultad evidente. Es un trabajo detectivesco en el que el conocimiento de la lengua latina es importantísimo. Intentar acercarse a Llull sin conocer latín es un error.

¿El hecho de publicar esta versión latina es en sí una reivindicación?
—En cierto modo porque en cada reforma educativa nos meten un palo al estudio no solo de Llull, sino a las lenguas clásicas. Eso es menospreciar el bagaje cultural que tenemos y nos lo ventilamos porque hay cosas más importantes. De modo que es un poco una reivindicación de esta cultura clásica.

¿Cuándo llegará la edición catalana y qué podrá esperarse de ellas?
—Llegará el año que viene con la Neorl en dos volúmenes porque es una obra muy grande. Además, es la versión original, porque Llull la escribió primero en catalán y luego la tradujo al latín para que llegara a los círculos académicos y científicos, pero en origen estaba escrita en catalán.

¿Qué tipo de edición tendrá entre manos el lector?
—Es una edición de tipo académico diseñado para una investigación, pero no solo de medievalistas o quienes estudian la obra de Llull. De hecho, es una obra muy esperada en la filosofía porque es una práctica. Después de tanto teorizar y hacer modelos, es una puesta en práctica en la que se aplica su sistema que busca ser autosuficiente. Algo muy moderno lo mires por donde lo mires.

Tras tanto tiempo, ¿va a darse un descanso de Llull?
—Bueno, quizá sí me dé un descanso de Llull durante un tiempo y mire otras líneas. Pero antes o después volveré a él porque su figura es inabarcable y totalmente necesaria. Llull no se acaba nunca, es interminable, como todos los autores inmensos y de mente lúcida de su época. Siempre queda algo por rascar o por sacar y, además, sigue habiendo muchos textos inéditos como este por editar.