La directora de cine mallorquina Marga Melià posó para este diario en el centro de Palma. foto Miquel A Cañellas Canellas | M. À. Cañellas

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La cineasta Marga Melià cuenta que «bastante gente me ha preguntado para cuándo una segunda película», pero a pesar de todo ella tenía claro que «tenía que ser una historia que me enamorara totalmente». Pues bien, el Cúpido del cine ya ha lanzado su flecha y el resultado es Adéu, Bruna, cuyo guion Melià ya está elaborando gracias a una beca del Institut d’Estudis Baleàrics (IEB) y que anda muy bien encaminado. Ella misma relata que, tras unas merecidas vacaciones, «en septiembre quiero retomarlo y analizarlo para luego presentarlo a productoras» esta historia que «mezcla comedia y drama».

La trama, como Melià detalla, es la siguiente: Enric, un joven actor en paro que trabaja en un videoclub, ante el riesgo de perder su casa en la que vive de alquiler, se ve obligado a presentarse a una curiosa oferta de trabajo: dirigir el funeral laico para una importante directora de cine que ha desaparecido, Bruna. Para superar la prueba del cásting, y acompañado de su sobrina, una adolescente rebelde a la que apenas conoce, Enric tendrá que hacer todo lo posible por saber quién fue Bruna y poder darle una despedida en condiciones. Y todo, mientras mantiene su trabajo en el videoclub y lucha por no perder su casa.

Melià, que ya dirigió el largometraje Bittersweet Days y el exitoso cortometraje Dona, define su nueva cinta como «como una tragicomedia» y, además, es «completamente original». Toca temas como «los problemas de los jóvenes para encontrar y mantener un trabajo o los desajustes entre el precio de la vivienda y el salario», pero desde el humor.

Amor al cine

Además, Melià retoma una pasión propia que, desgraciadamente, está desapareciendo: los videoclubs. El hecho de que Enric trabaje en este establecimiento donde «transcurre gran parte de la acción y pasan muchas anécdotas», sumado al hecho de que la protagonista, Bruna, sea «una importante directora que empezó a hacer cine en los 60 o 70», son una clara carta de amor al cine tal y como lo habíamos conocido. De hecho, Melià confiesa que «me encantaba ir al videoclub Deuvedes de Barcelona, que ya ha cerrado, y donde grabamos escenas para Bittersweet y pensaba en él para Adéu, Bruna».

Melià, por otro lado, comenta tener en mente el actor para el papel de Enric, aunque «prefiero guardármelo de momento». Sí dice sin problemas que para Bruna le gustaría Rosa Cadafalch, con quien ya trabajó en Dona.

Asimismo, la cinta permite a Melià hablar sobre un «tema que no se ha tratado casi nunca: el del papel de la mujer como directora de cine», profundizando sobre los problemas que habría enfrentado y las decisiones que hubiera tomado una directora en los altos círculos cinematográficos.

Todavía queda para poder ver en la gran pantalla lo que Melià ya ve cuando escribe el guion de Adéu, Bruna, pero a cada palabra que queda impresa, menos falta para ver una Palma «cotidiana, la del día a día» en la que Enric tratará de ganarse la vida a través de un inesperado homenaje a Bruna, la misteriosa directora.