Toni Amengual, con una de las fotografías que conforman la exposición en Es Baluard.

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La sala está prácticamente a oscuras y se respira una atmósfera de solemnidad fúnebre. En las paredes grises cuelgan, de forma perpendicular y con un montaje invisible, unos cuadros negros. Es a medida que el usuario va avanzando por el espacio y se gira para echar la vista atrás que descubre unas imágenes en esas cajas aparentemente vacías. Y es en ese esfuerzo por mirar, ese «acto voluntario», que se revela en Flowers for Franco, un proyecto del reconocido fotógrafo mallorquín Toni Amengual (1980) que puede verse en Es Baluard (Palma) hasta el 29 de agosto. Además, el artista, que actualmente reside en Italia como parte de una beca de la Academia de España en Roma, impartirá dos talleres, el 22 y 29 de junio, sobre cómo los medios de comunicación informan y generan el pensamiento crítico.

La primera vez que fue al Valle de los Caídos, cuenta Amengual, fue por «intuición» pero enseguida se dio cuenta de la tremenda «carga» y del «simbolismo» histórico de este conjunto monumental. De esta manera, el fotógrafo visitó una docena de veces el mausoleo de Cuelgamuros, entre 2011 y 2014, y fue así como se gestó esta exposición y también un volumen del mismo título que autoeditó en 2019 y que fue seleccionado por la revista Time como uno de los mejores fotolibros de año.

Historia

Sobre el controvertido hecho de visitar este lugar, el artista tiene claro que el problema es que «no se ha resignificado, no se ha explicado la historia». Y esa es precisamente la diferencia, por ejemplo, con los campos de concentración. «No se ha producido un reconocimiento histórico en el sentido de que no se ha manifestado lo que sucedió sobre la sangre de toda esa gente. Se reunió una comisión de expertos durante la legislatura de Zapatero, hay dosieres de cómo tendría que llevarse a cabo esa resignificación, pero no se ha hecho nada. Y así seguimos con esta significación puramente fascista. El silencio está impuesto por el poder, que no quiere que se hable de ello y quieren hacer desaparecer esta historia. También hay mucho miedo porque dicen que no quieren reabrir heridas», denuncia. Sin embargo, para que una herida se cure, primero hay que limpiarla, tiene que cicatrizar. No vale simplemente poner una tirita. Y esa limpieza, advierte Amengual, «es poner sobre la mesa todo lo que ha pasado».

Sobre la exhumación de Franco, que se realizó en 2019, el fotógrafo afirma que «a nivel mediático fue un teatro, porque no hace falta que se salga en el telediario las 24 horas del día. Así como se procedió creo que lo que hicieron fue revivir al dictador e incluso le hicieron un homenaje, porque lo sacaron a hombros, cuando a los republicanos entraron allí en camiones, por la noche, y fueron arrojados de cualquier manera», matiza.

Además de las 18 fotografías colgadas de la pared, hay otras dos, de grandes dimensiones, que se encuentran hacia el final de la sala, que el público si ve a primera vista cuando entra. Se trata de una imagen de una escalera que conduce a un pilar del Valle de los Caídos, a una pared y, por tanto «bloquea» el paso y «no permite ver ni acceder a nada». Esta fotografía está plasmada en una construcción de madera, como si de una escenografía de teatro se tratara.

Al otro lado de este levantamiento, y otra vez con el giro cómplice del público, otra fotografía, seguramente la más impactante de esta muestra, en la que aparece la icónica cruz del Valle de los Caídos, «la cruz más alta del mundo, de 150 metros de altura». Desde luego es una fotografía terrorífica, como el propio Amengual reconoce. «La cruz se refleja en el agua y resulta invertida a nivel visual. Por otra parte, desde un punto de vista semiótico, la cruz está abajo, donde yacen más de 33.000 cuerpos, víctimas de la Guerra Civil, por lo que advertimos que el problema no está arriba, sino abajo», detalla.

Estructura

Los tres ejes de esta muestra, según señala Amengual, son la religión, la política y la naturaleza. Respecto a esta última, el fotógrafo apunta que «no es un enclave casual» y esa naturaleza no está retratada como algo «romantizado, sino como algo duro». Y es con una imagen de la nieve comiéndose la piedra del suelo como se cierra esta exposición, una propuesta que sin duda invita a reflexionar sobre la memoria histórica, sobre el poder y el miedo. Eso sí, solamente serán aquellos que quieran mirar y echar la vista atrás los que verán todas estas cuestiones. Sino, solo es una sala vacía.