Aina Aguiló, Albert Pinya, Tomeu Cifre y Andreu Aguiló en Sant Domingo. | Pere Bota

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Artefactos, vocablos y niños. Alguna consideración sobre la permanencia de la pintura en tiempos de transbarbarie es el título de la intervención que el artista Albert Pinya realizará este verano en la iglesia del convento de Pollença.

Será la única intervención que hará este año en Mallorca y para ella se rodea de otros artistas destacados. De una parte, El niño de Elche a cargo del sonido; de otra, los pintores Rafa Forteza, Nicholas Woods y Pep Girbent, a cargo de los textos. El proyecto, concebido antes de la pandemia por Pinya, ha evolucionado en el último año «gracias a lo vivido», dijo ayer. «La psicosis me gusta», añadió haciendo alarde de su gusto por la provocación.

Poco quisieron revelar tanto el artista como los codirectores del Museu de Pollença, Andreu y Aina Aguiló y el alcalde de Pollença, Tomeu Cifre, sobre el contenido de la intervención. Hubo que sacarles el título casi con sacacorchos. «Para no hacer spoiler», decía Pinya entre risas. Lo que se sabe hasta ahora es que la intervención se inaugurará dentro del mes de junio (posiblemente la última semana) y que será una «reflexión sobre la pintura desde la escultura, la palabra y el sonido», dice Pinya. En la iglesia estarán también los característicos artefactos escultóricos del artista.

«La pintura está en constante mutación y se puede hablar de ella desde diferentes perspectivas. Por mi obsesión de abismo a los nuevos soportes, desde 2014 (cuando recibí el premio de la crítica en ARCO) ya he flirteado con cómo de dos dimensiones se puede pasar a tres desarrollando mis artefactos; es mi pintura en las tres dimensiones», dice Pinya.

El artista destaca que la intervención sea una obra colaborativa. «Me gusta nutrirme de diferentes perspectivas, es una constante», añade.

Pinya subrayó la apuesta que el Ajuntament de Pollença realiza por la cultura como motor para revitalizar la economía y la sociedad y aprovecha para tirar una pulla al Ajuntament de Palma: «Palma tiene mucho que aprender de Pollença», dijo.

La instalación estival de Sant Domingo es un clásico del verano artístico en Mallorca desde 1999. Por este espacio han pasado artistas de renombre como Jaume Plensa, Rebeca Horn o Ben Jackober, entre otros.

Normalmente se inauguraba en el mes de julio pero este año se adelantará a junio. «Lo fácil habría sido suspender todo con la pandemia pero desde el principio en Pollença apostamos por la cultura segura. Esta es una exposición de gran trascendencia. Más que nunca hay que actuar para mantener el atractivo cultural de Pollença y revitalizar la economía tras un año de dificultades», dijo el alcalde Tomeu Cifre.

«La idea es que sea el referente artístico del verano y, junto al 60 aniversario del Festival de Música, tener un verano cultural potente. Lo mejor es no pararse para no perder la vanguardia», añadió.