El autor de ‘Set dies’, Miquel Horrach, en Palma. | Jaume Morey

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Cuando un nombre propio es tan grande a través de su obra que excede a la persona tiende a alejarse del común de los mortales. Esto, en ocasiones, provoca su entronización, y si esto ocurre suele ir acompañado de un alejamiento que roza lo divino. El camino inverso es el que ha recorrido el escritor Miquel Horrach, quien se alzó con el Premi Ciutat de Palma de Novel·la 2020 (que curiosamente comparte nombre con Villalonga) con Set dies, una historia que trata de «humanizar a Llorenç Villalonga» recreando una semana ambientada en la Mallorca de 1941, cuyo contexto refleja «una Isla sorprendentemente viva» en la que todavía se respiraban los vapores de la Guerra Civil y el gregal transportaba los truenos de la Segunda Guerra Mundial. Horrach estará en Sant Jordi firmando ejemplares y el día 22, en Ca n’Oleo, conversará con el experto Sebastià Serra Busquets sobre la novela.

¿Cómo recibió la noticia de que había ganado el Premi Ciutat de Palma de Novel·la?
— Fue un sorpresón. Aunque obviamente esperas poder ganar, sinceramente nunca pensé que ganaría.

¿Cómo se da el hecho de que la editorial que publica el libro sea precisamente la misma en la que usted participa?
— Las bases establecían que el Ajuntament concertaría con el ganador la edición. Yo supe esto cuando gané, y cuando me llamaron me preguntaron si tenía preferencias por una editorial, y al participar yo en Ifeelbook, pues opté por esta y les pareció perfecto. Es más cómodo para nosotros porque permite manejar tiempos y tal, y este libro, además, lo ha llevado un compañero para ser lo más objetivos posibles.

¿Qué fue lo que le llamó la atención de la historia que cuenta en Set dies?
— Uno de los protagonistas es Llorenç Villalonga, un tótem de la literatura mallorquina y española. A mí, su obra me causó una gran impresión y me pareció un personaje suficientemente interesante como para bajarlo de ese pedestal al que la historia lo ha aupado y meterlo como un personaje a la altura del resto. Me pareció una idea muy atractiva como lector y he quedado satisfecho con el resultado.

¿Cuántas sorpresas descubrió durante el proceso de documentación?
— Muchísimas y descubrí muchas sobre él. Algunas cosas chocarán al lector, al que animo a informarse sobre si son verdad o no. Yo mismo fui viendo una faceta desconocida de este hombre al que pronto y de manera categórica se le tilda de falangista, pero hay que ver en qué circunstancias y cuánta gente como él acabarán siendo lo mismo. O peor. Yo, al final, me he centrado en una persona inquieta y muy por encima de la media en cuanto a talento literario y sin juzgarlo en absoluto.

¿Qué Palma encontrará el lector en cuanto a contexto?
— Sorprende cómo de viva estaba Mallorca en ese momento. No me refiero a la vida social, que la había, sino a que durante la Guerra Civil y la Mundial la Isla desempeñó un papel geopolítico muy importante y esto aparece de alguna manera en la novela.

¿Qué importancia juega la ciudad de Palma en el transcurso de la historia?
— Palma es un elemento imprescindible para esta historia. Es uno de los lugares principales, junto con otros, y ya empezaba a ser, aunque saliera muy pobre de la guerra, un lugar muy cosmopolita para aquella época y todo el mundo quería venir. Sin ir más lejos, Ava Gardner, Errol Flynn o John Wayne estuvieron aquí. Palma es un plató perfecto para esta y otras historias, y así lo reivindico.

El personaje de Villalonga se topará con un tal Moritz Hoepp, ¿qué puede contar sobre este personaje y su relación con el mallorquín?
— Hoepp es un tipo al que la guerra tiene muy cogido por varias razones. Es un intelectual, como Villalonga, y se dedica a la docencia en Alemania. Aparecerá como náufrago en aguas de Cabrera y tiene un peso capital porque es el contrapunto a Villalonga, con quien genera una relación a pesar de las reticencias iniciales. Quedarán seducidos el uno por el otro por diversos motivos y es una relación corta, porque son solo siete días, pero genera la tensión de la novela.

¿Cree que al lector podrá chocarle algunas impresiones sobre Villalonga que aparecen en la novela?
— Es verdad que habrá cosas que puedan sorprenderle y le animo a que las busque y se documente, pero está todo hecho sin faltas de respeto. No es que yo respete la obra de Villalonga, es que me parece imprescindible y, a partir de ahí, me he dado la licencia de utilizarlo como un personaje más, pero siempre desde el respeto.

¿Diría que Set dies permitirá o podrá ayudar a entender algunas decisiones que Villalonga tomó y que pueden ser criticar?
— No entro en ese fondo. Creo, no obstante, que la guerra saca lo peor y lo mejor del hombre, y a veces en la misma persona. Con Villalonga, en lugar de fijarse en su obra, hay gente que dice: no le leo porque fue falangista. Eso es una circunstancia histórica que nos gustará más o menos, pero fue real. No obstante la idea es, tratando con el absoluto respeto y sin juzgarle, introducirle en una historia normal en la que se cuenta que Villalonga también fue joven y le pasaron cosas. He pretendido hacerle humano.

Portada de ‘Set dies’, Premi Ciutat de Palma.