La autora María Hesse, en la librería Rata Corner de Palma. | Jaume Morey

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Tras el éxito de sus biografías sobre la artista mexicana Frida Kahlo y el músico inglés David Bowie, todas publicadas por Lumen, María Hesse (Huelva, 1982) publica otro libro dedicado esta vez a todo un mito del cine de Hollywood: Marilyn Monroe. De nuevo, como con el caso de Frida Kahlo, Hesse firma tanto las ilustraciones como el texto. Además, Marilyn. Una biografía llega todavía en la estela de la buena acogida por el que ha sido hasta, el momento, el libro más íntimo y personal de Hesse, El placer, sobre el deseo femenino, que vio la luz hace un año. La autora firmó este miércoles ejemplares de estos títulos en la librería Rata Corner de Palma.

En la introducción de Marilyn es clara y rotunda: «Una mujer debería ser todo lo que quisiera; sin embargo, al final es lo que la sociedad y su contexto le permiten». ¿No somos libres las mujeres?
— Evidentemente de su época al día de hoy hemos avanzado muchísimo, pero todavía no hemos conseguido todas las libertades que deberíamos. Desde antes de escribir el libro me interesaba analizar cómo el contexto juega con nosotras. La mujer está hipersexualizada, lo vemos en la publicidad, en el cine y muchas veces nos lo venden como liberación porque somos nosotras quienes elegimos libremente enseñar nuestro cuerpo desnudo, las que decidimos depilarnos o maquillarnos porque nos sentimos mejor y esa decisión que a priori parece tan libre no lo es. Porque así lo hacen los referentes de belleza.

¿En el cine era más exagerado?
— Sí, muchas veces cuando vemos a una actriz que se ha deformado la cara con una operación de estética, lo primero que hacemos es decir ‘¡qué se ha hecho esta mujer en la cara!’ En el mundo del cine a una mujer no se le permite envejecer porque no se crean papeles para mujeres maduras protagonistas.

¿Los hombres son más libres que nosotras?
— Sí. En televisión, por ejemplo, se ven a más tipos de hombres. En el programa de Susanna Griso de la mañana la vemos a ella siempre acompañada de unos señores. Las canas en un hombre son atractivas. Y en las historias de amor siempre nos han ponen enamoradas de la inteligencia de un hombre maduro. Pero nosotras caducamos.

¿Cómo podemos acabar con esto?
— Tenemos que pelear por deconstruir todos estos estereotipos y roles construidos para nosotras, empezando por narrarnos a nosotras mismas. De hecho, la mujer en la literatura y en el arte solo ha tenido dos roles: la mala y la santa. El primero siempre suele ser más inteligente y más interesante. Y eso es lo que le pasó a Marilyn, que era una mujer peligrosa e inteligente, libre sexualmente, peleona. Ella intentó romper con eso pero nunca lo consiguió. Por eso ahora estamos rescatando a esas mujeres que el patriarcado invisibilizó. Y, evidentemente, hay que cambiarlo en la educación, porque la base está en la infancia.

Frida, como Marilyn, también quiso romper con lo preestablecido...
— Sí, pero creo que Frida tuvo más suerte, porque su marido la admiraba y su padre, muy moderno, la apoyó. Además, vivió en un contexto cultural más revolucionario. Era una privilegiada. En cambio, Marilyn, que encarnó el sueño americano en una sociedad puritana, nació en un hogar humilde y en la Gran Depresión. La vida de Marilyn se asemeja a una tragedia griega, porque no importa cuánto se esforzase que siempre la vida le daba un revés.

Decía que tenemos que narrarnos a nosotras mismas, eso también lo hace con El placer, un libro tan necesario a pesar de estar en el XXI, en el que por ejemplo, habla e ilustra el clítoris.
— Con el clítoris pasa como con Marilyn, que es que antes no se había estudiado en profundidad. A principios de los 2000 se publicó el primer estudio sobre la anatomía interna del clítoris y me pregunto cómo puede ser que 20 años después tantas mujeres siguen sin saber sobre el tema. ¿Por qué no se vuelve mainstream esta información? En el caso de Marilyn hay libros y documentales que hablan de ella como una mujer lista y luchadora, ¿por qué a día de hoy sigue sin ser conocida esa imagen de ella?

Los rostros de Marilyn y Frida están en muchos productos, ropa e incluso despertadores. Se han convertido en ‘merchandising’.
— Creo que Frida incluso más, pero va por épocas. El feminismo se ha transformado en una moda y Frida, sin haberse manifestado públicamente como feminista, se ha convertido en un icono. En ese sentido, creo que se ha contaminado mucho su imagen.

¿Qué le parece que el feminismo se haya transformado en una moda?
— Opino que no está mal. Me explico: creo que es mejor que la gente, que son sobre todo mujeres y debería haber más hombres, se queden en la superficie del tema y no vayan más allá, aunque sea a través de un eslogan o una camiseta, porque al menos cala algo. Está claro que lo ideal sería que todos fueran a las raíces del feminismo, pero no se lo podemos exigir a todos.

¿Ya tiene próximo libro?
— Intento ir intercalando para no limitarme y que me encasillan, así que lo próximo no será una biografía. Después de dos biografías y El placer, por fin he empezado a decir que soy también escritora.

Una de las ilustraciones de María Hesse.