Vista de la Biblioteca Can Sales, con la separación por carriles para usuarios. | Pilar Pellicer

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Las bibliotecas son sinónimo de quietud y silencio, aunque estos últimos meses quizá demasiado. El murmullo del aleteo de las páginas, los pasos de usuarios y trabajadores, así como el pitido del lector de códigos al prestar un ejemplar, han retornado a estos espacios que recuperaron parcialmente su actividad en la jornada de este martes, aunque solo para devoluciones, préstamos y con un aforo limitado. Los cordones sanitarios, las mamparas y la distancia social por la crisis del coronavirus le infieren un aspecto casi distópico.

La Biblioteca de Cort, que es municipal, dispone actualmente de un carril para ser atendido por las bibliotecarias tras una mampara, como en los demás espacios. El teléfono no ha dejado de sonar «para saber si estábamos abiertos» y la mayoría de visitantes fueron lectores, contrastando con los estudiantes que ocupaban las sillas ahora vacías tras un cordón. La actividad «ha bajado considerablemente comparado con un día normal», explican, aunque todavía es pronto.

En la Biblioteca Pública de Can Sales hubo un goteo continuo de usuarios. Solo por la mañana contaron 84 préstamos, un ritmo equiparable a la cuarta parte del previo al estado de alarma, cuando contaban casi 300 diarios. Su directora, María de Lluch Alemany, explica que han puesto en marcha un servicio de entrega a domicilio para mayores de 65 años gracias a voluntarios de Protección Civil; medida que se suma a la posibilidad de realizar el pedido online o vía telefónica para recogerlo en el horario de tarde.

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Carriles

Los usuarios que pasaron por Can Sales vieron un doble carril de entrada y salida con medidas de seguridad, como distanciamiento social y gel desinfectante. Tampoco dejaron de llegar llamadas sobre la devolución de títulos tras meses de préstamo extra. A pesar de la funcionalidad evidente, algunos usuarios añoraban «pasear por las salas y hojear los libros», aunque había quienes tenían «una lista de títulos preparada». Incluso hay quien se llevó una sorpresa ya que «no sabía que abrían hoy, he venido por instinto y me he llevado una alegría».

En la Biblioteca Ramon Llull, dos carriles separan las devoluciones de los préstamos. La prensa no está disponible, «debido a la imposibilidad de desinfectarla», y las novedades aguardan tras un cordón sanitario. Los títulos devueltos, además, pasan una cuarentena de 14 días en cajas especiales antes de volver a la disponibilidad. La veintena de visitantes que acudieron en la mañana contrastaba con la centena que de un día normal, porque por mucho que sea nueva, esta normalidad es, todavía, extraña.