Marta Moriarty. | Esteban Mercer

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Marta Moriarty tiene casa en Pollença desde hace treinta años, el tiempo que hace que acabó esa época denominada la Movida madrileña que la convirtió en una de sus musas y en icono de una época que la galerista-artista no rechaza, pero tampoco mitifica. Lo increíble de Moriarty es que ha conseguido seguir adelante en una búsqueda constante que la ha llevado a las puertas de inaugurar en la iglesia de Santo Domingo su primera intervención como artista integral. Será el próximo 15 de julio y ya ha generado una enorme expectación. Ha querido hablar con Ultima Hora para explicarnos y compartir el momento presente que como persona está viviendo, que no es otro que un renacer o un seguir adelante hasta que se cierre el círculo de esta mujer apasionada y apasionante que ha inspirado a tantos.

Suena raro presentarla como artista…
—Sí, a mí también me cuesta utilizar este término pero quiero serlo. Estoy en el arte desde siempre, como curator, crítica o galerista, pero también me he dedicado con igual intensidad y pasión a estudios de religiones comparadas, centrándome en las corrientes místicas. Cuando por fin me atrevo a juntar estas dos líneas de mi vida, es cuando me convierto en artista.

¿No conoce demasiado del arte para empezar como artista?
—Conozco el arte desde otro lugar, en esto soy una debutante. Es muy importante para mí lo que presento en Pollença, porque es mi primera vez y porque me estoy desnudando en público, enseñando en lo que creo y lo que soy, el andamiaje de mi personalidad más íntima y mis creencias.

De repente está empezando una nueva carrera, a una edad en que muchos piensan en el retiro y el descanso. ¿Por qué no empezó su carrera como artista?
—Porque no me sentía como tal. Me he sentido más escritora que artista plástica, quizás porque soy muy torpe con las manos. Tenía mucho que decir sobre los otros hasta que ahora todo ha cambiado. Siento que sí, que es mi momento, tengo la necesidad de hablar por mí misma, y creo que no va a acabar aquí. Como curator y galerista, mi trabajo en el arte ha sido honesto y en esta nueva fase quiero seguir siéndolo, crear desde el corazón.

El camino hasta aquí ha sido largo, ahora que todo va rápido...
—Supe que el arte sería mi vida desde los siete años en que vi con mis padres un Cristo románico en San Salvador de Cantamuda, en Palencia. Descubrí ahí que el mundo no era lo que yo había visto hasta entonces y que quería mirar al otro lado.

¿Se da cuenta de que usted es un icono?
—No voy a entrar en lo de icono porque me da mucha risa, ni ponerme a comparar, pero sí, esto es enormemente importante para mí y más aún al ser en Pollença que considero mi lugar en el mundo. En esta primera vez, hablo de la trascendencia, de mis cimientos y del arte emocional en el que creo. Hablo de lo sagrado, del misterio, de la eternidad, del silencio, del absoluto, de Dios, ¡cómo no va a ser importante! Creo que el mundo es un lugar sagrado, lleno de misterios, de poder, fuerza y magia, pero que estamos en un momento en el que vamos apagando los interruptores de la trascendencia, nos empeñamos en desacralizar el mundo y eso me asusta, y me rebelo, no quiero que suceda. Hay que intentar volver a descubrir los caminos hacia la verdad, los caminos del espíritu.

¿Qué veremos o sentiremos en esta intervención? ¿Es el cierre de una etapa y el inicio de otra?
—Esta intervención en Santo Domingo la hago coincidiendo con el treinta aniversario de mi llegada a Pollença, que es donde está mi verdadero hogar y también el de mi familia. Es el lugar al que de pertenecemos. No cierro nada pero sí creo que empiezo una etapa muy importante en mi vida. El proyecto se titula ‘Tat Tvam Asi’, que en sánscrito significa ‘Eso Eres Tú’. Es una de las cuatro mahavakias o grandes verdades del hinduismo, implica que la última verdad no reside en el aparecer ilusorio de la realidad ni en un Dios distante y distinto, ni en doctrinas parciales que intentan abarcar el infinito. La realidad última vive en nuestro interior, somos la eternidad, cada uno de nosotros es y contiene el absoluto.

¿Hay muchas Martas en una?
—Tengo muchos intereses, muchísimos, pero están en la misma Marta. Creo que soy coherente. En esta intervención hay una voluntad de hacer un arte emocional, volver a sacralizar una iglesia desacralizada desde el siglo XIX.

Va a mostrarse en un lugar donde han intervenido nombres muy importantes antes que usted. ¿Siente miedo?
—Sí, siento miedo, pero me apaño. En esta iglesia he visto el trabajo de gente que admiro muchísimo. Presenté una propuesta muy esquemática, y desde febrero que me dijeron adelante he trabajado muchísimo y el camino ha sido muy bonito. He contado con artesanos de Mallorca, barro de Pòrtol, de Pepe Coll, un hombre que respeto profundamente, unas estormias de palmito hechas en Artà, por la estupenda Aina ‘Pistola’. Las velas de cera de abeja me las he traído de Sevilla, de la Esperanza sevillana, porque son los mejores; le encargué la música a la joven Nina Aranda, la hija de Vicente Aranda, muy vinculada a Pollença desde niña y vinculada a mi corazón. Para producir el vídeo he contado con el maravilloso Agustí Torres, de Artà, ya un amigo. El texto del catálogo lo escribe Jacobo Siruela en quien confío plenamente en estos temas, piensa muy bien, siente muy bien y escribe muy bien. He seleccionado también ciento nueve textos de pensamiento universal que estarán dobladitos en el centro del templo, en un pozo de la sabiduría para que cada uno de los visitantes pueda escoger el que el destino le depare.