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El mal resultado en el «televoto» hundió a la representante española, Barei, en la final de Eurovisión de hoy en Estocolmo, donde acabó en el puesto número 22, uno peor que el de Edurne en 2015 en Viena, lejos de la ganadora Ucrania.

El ritmo vitalista de «Say Yay!» puso en pie al Globen Arena de Estocolmo, lo que hizo que se disparase en las apuestas -llegó a ser tercera por unos minutos-, pero no se tradujo en el resultado final, donde acabó incluso por debajo de lo que apuntaban los pronósticos en los últimos días, que la situaban en torno al puesto número 17.

La edición de este año del festival, la número 61, estrenó un sistema de difusión del voto por el que primero se hizo público la calificación de los jurados de los 42 países participantes -el 50 % del total- y luego la parte del «televoto», para ganar en emoción.

Los jurados de quince países dieron puntos a Barei -Italia, 12- y los 67 puntos de la primera ronda la situaban en un esperanzador decimosexto lugar, porque a raíz de la reacción del público del Globen se podía esperar un sólido apoyo de los televidentes.

Pero «Say Yay!» fue la cuarta canción que menos respaldo recibió del «televoto», solo 10 puntos, lo que condenó a Barei, que minutos más tarde se mostraba «muy orgullosa» de su prestación, aunque admitiendo que el mal puesto «pesa mucho».

La victoria de Jamala, la segunda de Ucrania en la historia del festival, no fue una sorpresa: estaba en la terna de favoritos con Australia y Rusia, que la escoltaron por ese orden en el podio.

Pero acabó por convertir la gala de Estocolmo en la edición más política de los últimos años, ya que «1944», el tema ganador, tiene como trasfondo las deportaciones masivas ordenadas por Stalin de tártaros de Crimea, la península anexionada por Rusia tras un polémico referendo no reconocido por Occidente.

Esa fue la suerte que corrió la abuela de Jamala, nacida en Kirguizistán, país donde fueron reubicados la mayor parte de los exiliados forzosos y donde nació la cantante, que no regresó a Ucrania hasta después de la independencia de Ucrania en 1991.

A pesar de que la Unión Europea de Radiodifusión (UER), organismo supervisor del festival, no permite tratar temas políticos, «1944» fue aceptada pese a la protestas rusas, aunque en Estocolmo las tensiones entre ambos países no se trasladaron a sus representantes.

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«¡Les deseo de verdad la paz y el amor a todos!», gritó Jamala desde el escenario del Globen Arena tras ser coronada ganadora y antes de interpretar de nuevo su canción, que se aupó a la primera plaza gracias al voto de los telespectadores.

Australia había dominado con claridad las votaciones de jurados, con 320 puntos, por delante de Ucrania (211), Francia (148), Malta (137) y Rusia (130).

Pero «Sound of Silence», la balada de Dami Im, solo fue la cuarta más valorada en el «televoto», y eso evitó el que habría sido el primer triunfo de Australia, que concursa desde hace dos años.

Rusia fue la más respaldada por los telespectadores, con 361 puntos, insuficientes para enjugar la diferencia con Ucrania, que convención con un número potente y la sentida interpretación de Jamala, frente al derroche visual del ruso Sergei Lazarev.

El «top 10» lo completaron, por este orden, Francia, Armenia, Polonia, Lituania -las dos grandes sorpresas- y Bélgica.

Polonia, la peor calificada por los jurados con 7 votos fue la tercera más apoyada por los televidentes, con 222 puntos.

Fue la tercera vez que Estocolmo acogió una final del popular festival, y como en las rondas previas, la gala de esta noche estuvo conducida con mano firme por Måns Zelmerlöw, ganador del año pasado en Viena con «Heroes», y Petra Mede, que volvieron a lucir su buena química en una noche llena de entretenimiento y mucho humor.

Zelmerlöw y Mede protagonizaron un número musical paródico, que desató las carcajadas del público, sobre la historia del festival, con guiños a algunos de sus actuaciones más memorables, como las voluptuosas lavanderas polacas o los finlandeses Lordi.

La gala, por primera vez retransmitida en Estados Unidos y cuenta con una audiencia de unos 200 millones de espectadores, incluyó la actuación de la «superestrella» Justin Timberlake, que además de promocionar su nueva película y pelotear a Zelmerlöw, se mostró cariñoso con los concursantes y aseguró haber visto Eurovisión los dos últimos años.