Cycle propone una «orgía ‘electroclash’» con el único propósito de hacer bailar

| Palma |

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Imagen promocional de Cycle.

Imagen promocional de Cycle.

27-11-2015 | ARCHIVO

Tras un parón de ocho años, Cycle regresa con otro álbum de expiación nocturna, Dance all over, donde aúnan secuencias electrónicas, propias de los ochenta, con potentes riffs de guitarra. Saturday girl es su carta de presentación, una ‘bomba de destrucción masiva’ de sonido vigente y actual, aderezada con ese toque grasiento con el que enjoya sus canciones la banda de La China Patino. Los madrileños inaugurarán este sábado, a partir de las 22.30 horas, la sala Camerino de Palma.

Su tercer disco de estudio, de nuevo al abrigo de Subterfuge Records, arranca con una intro en la que un supuesto locutor (en realidad el cantante de la banda, Luke Donovan, que retorna al conjunto tras residir un tiempo en la India) recibe una petición de una oyente: «Todo lo que escucho me aburre, ¡busco música que me haga bailar!», reclama. De eso va, precisamente, este Dance all over, título con el que el cuarteto madrileño pone en evidencia que las musas no les han abandonado.

Frío, pegadizo e inescrutable. Dance all over es un elepé cien por cien Cycle. Una «orgía electroclash» con un único propósito: hacernos mover el esqueleto con picos tan altos como Sunset over the Moon, Spider Embrace o Rabbidy Hill.
En una onda más ochentera, destaca Masquerade, un corte sofisticado y potente que cuenta con la participación de Anne Clark, la mítica pionera del electro avant-garde. También hay presencia para lo gótico y siniestro, y no porque el negro sea el color predominante en el look del cuarteto. El tema Alex the crow está inspirado, además, en Aleister Crowley, un influyente ocultista nacido en Inglaterra a finales del siglo XIX.

Más electrónico y menos punk que los anteriores, Dance all over no pierde comba de la frescura y esencia originales de la banda. Tampoco cambia el determinante rol que desempeña la China Patino, que desliza su misteriosa voz al tiempo que nos obsequia con una suerte de coreografías robóticas y bailes rituales que ponen a prueba la increíble torsión de un cuerpo moldeado para la resistencia.

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