El director americano Alfonso Gómez Rejón, en San Sebastián. | D. BESALDUCH

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Alfonso Gómez Rejón (Texas, 1972) ha pasado muchos sábados viendo películas con Martin Scorsese, del que fue ayudante cuando todavía era un estudiante. Algo tímido en lo personal y tremendamente osado en su trabajo, comenzó a sorprender a la industria con su particular uso de la cámara en series de éxito como American Horror Story o Glee. Su segundo largometraje, Yo, él y Raquel, ganador del festival de Sundance, es una de las mayores revelaciones del año. La cinta, que llegó a la cartelera este viernes, se pudo ver en el festival de San Sebastián, donde le concedió una entrevista a Ultima Hora.

—¿Cómo consiguió convertir esta película en algo tan personal?
—Hay una escena en que el protagonista, Greg, tiene una conversación con su profesor que me cautivó. Me di cuenta que el mensaje de la cinta era algo que yo necesitaba oír y creer. Que en realidad, yo mismo era Greg.

—La cinta es un drama, pero no quiere hacerle pasar un mal rato al espectador.
—Me gustaba la idea de entrelazar la comedia y el drama. Un poco como en la vida, que no es ni lo uno ni lo otro. De esta manera darle al público cierto espacio, no forzarle a sentir nada que no quisiera sentir.

—En la película se hace referencia a varias de sus cintas favoritas.
—¡Nunca pensé que me iban a dejar, te lo juro! Proponía usar Muerte en Venecia en lugar de Star Wars y les parecía bien. Quise hacer algo personal, y de alguna manera dar gracias a todos los directores que adoro.

—¿La televisión ha sido un campo de experimentación?
—Muchísimo. Se aprende disciplina, porque tienes una semana para hacer una película de una hora.

—¿Y el cine?
—Para mí tiene algo diferente. Te afecta de tal manera que sientes que te están hablando a ti. Una película muy personal a veces logra ser universal, y creo que es lo que está ocurriendo con esta. Mucha gente se está identificando con ella del mismo modo que yo me veía en películas de gente como Scorsese.

—Siempre acaba nombrando a Scorsese en las entrevistas.
—De niño estaba obsesionado con él, fui a la misma universidad a la que él había ido, y a los tres años trabajé con él. Hablo de él porque me enseñó mucho, me encantaría dejar un legado como el suyo.