Luis Cadenas, Arantxa Andreu, Tomeu Penya y Still Morris hablan de su situación. | Guillermo Esteban

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El cantautor local del siglo XXI canta a la indignación, al amor o a la realidad descorazonadora. Igual que lo hicieron quienes abanderaron la canción protesta durante la Transición. Son contextos sociopolíticos distintos, pero el fin es el mismo: Sobrevivir escribiendo, tocando, cantando y emocionando con sus composiciones.

Cantautor tardío, Luis Cadenas (Palma, 1982) aprendió a tocar la guitarra a los 25 años. Ahora, con 33, atesora dos discos y viaja mensualmente a Madrid para tocar: «Cada vez, los cantautores están más de moda. Influye un factor de popularidad que es una chispa que hace que se encienda la mecha y la gente vaya a verte», reflexiona.

Eloy Pardo (Barcelona, 1956), es decir, Still Morris, vivió la plenitud de la Nova Cançó. «Hoy hay un descontento y una amargura política brutal y suena raro que no haya una corriente inspiradora en cantautores. Parece que hay un cierto temor de que te identifiquen con según qué», zanja.

Desde sus inicios, Tomeu Penya (Vilafranca de Bonany, 1949) ha tratado de reivindicar la naturaleza en todos álbumes. «Yo soy un cantautor de felicidad, verbenero, de balada. Estoy haciendo más trabajo que nunca», apunta quien reconoce haberse moderado.

Arantxa Andreu (Palma, 1972), intérprete intimista, ofrece su punto de vista sobre la canción protesta: «Supongo que no está tan a flor de piel como en otras épocas, aunque sí conozco casos cercanos de músicos que relatan situaciones actuales y nos hacen reflexionar sobre lo que está pasando».