El director del museo Artium de Vitoria, Daniel Castillejo, ayer, en las terrazas del Museu Es Baluard.

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La crisis ha cambiado o alterado casi todo. También los museos, que tras años «de perversión», y en un contexto nuevo, luchan por generar «un cuerpo cultural y artístico estable» y «reinventarse, evitando convertirse en una casa de cultura». Lo explicaba ayer el director del museo Artium de Vitoria, Daniel Castillejo, quien visitó Es Baluard también en calidad de presidente del Instituto de Arte Contemporáneo (ICA) para hablar de los modelos de transparencia en la gestión de los museos.

Castillejo, que ya ha visitado el museo en otras ocasiones, apuntó que la apertura de páginas web fue lo que activó el derecho del público a conocer y pedir explicaciones «sobre uno de los lugares que hasta entonces se consideraban más oscuros, los museos». «Siempre ha habido cierta opacidad en los museos, no se sabía muy bien qué hacían, a parte de colgar cuadros». Hoy trabajan desde el ICA, al que están asociados también profesionales de las Islas, en «que todo equipamiento cultural público esté lo más cercano posible a la transparencia». Pero el proceso está «en fase primaria» porque «no es fácil y debe ser muy riguroso».

Embate

El director de Artium desde 2008 sostiene que los museos periféricos «son los que más han sufrido el embate. Muchos se han hecho al calor de un momento de euforia, sin pensar bien qué es y qué significa tener un museo. Así que ahora tienen que estar reinventándose, justificándose más que otros, dando argumentos para seguir existiendo». Una labor, valora, «que cansa, pero que es interesante porque permite encontrar nuevos caminos para mediar entre el arte contemporáneo y la sociedad». El recorte de los presupuestos es uno de los principales problemas a los que se enfrentan estos museos y, en consecuencia, «también genera un daño demoledor y trágico en el principal protagonista, en el creador. No se adquiere obra», dice Castillejo. Del mismo modo, esto está generando «unos huecos en las colecciones», que les restan «coherencia» y que serán «difíciles de recuperar». «Tenemos vacíos de cinco años ya en los que no sabemos qué ha ocurrido». Aquí llama la atención del sector público, cree importante la participación del sector privado. Y echa de menos, «aunque creo que ya no se puede volver atrás, reflexión en las cosas, una mayor comunión con la propia cultura. Los museos deben seguir siendo lugares de conocimiento».