Paul Collins posó en la Plaça de Espanya de Palma. | Celia Fenollar

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King of Power Pop es el título del disco que Paul Collins publicó en 2010. Y bien podría ser el nombre con el que muchos le conocieran. Su sólida trayectoria desde los años setenta, con la que ha ayudado a crear y definir un género tan especial como el power-pop, que «no es indie, no es punk y no es pop», matiza el propio artista, es la prueba material de su amor por la música. Una relación que está lejos de acabar pese al paso de los años y que mostrará, de forma gratuita, el 30 de julio en la Plaça Major de Pollença, a las 23.00

El primer contacto del neoyorquino con nuestro país fue a mediados de los ochenta. El escenario, inmejorable: el Madrid de la Movida. De su llegada recuerda que había mucha esperanza, y que «la sociedad estaba en la calle». Era una época de efervescencia cultural, de arte y de ilusión que hacía surgir de la nada decenas de grupos cada noche. Después de unas cervezas y unas canciones muchos se disolvían al día siguiente, cualquiera con una guitarra y unos amigos se fabricaba un escenario. Pero Collins no era un cualquiera.

Venía de ser el batería de The Nerves, uno de los tríos más influyentes en el panorama del power-pop de la costa oeste de Estados Unidos pese a la corta vida de la formación. Tras otro proyecto musical fallido con su compañero Peter Case, Collins ya había enfilado la banda que de una manera u otra sigue siendo una realidad: The Beat, renombrada en los ochenta al definitivo e itinerante Paul Collins' Beat que actúa este martes en Pollença.

Poco cabe decir sobre el grupo que no diga su propia música. Como el propio artista comenta, se basa en los dos ingredientes principales que han hecho del rock 'n' roll lo que es en los 'Estates': buenas melodías de guitarra y buenas voces que canten sobre la triada del clásico love, traveling y work. A Paul Collins no le falta ninguno de ellos: la vida siempre es la base de sus canciones, pero confiesa que cada vez es más difícil para él encontrar ese toque original que no haya trabajado antes. Sin embargo, como fan declarado de la música, encara con el mismo ánimo de siempre la preparación de su siguiente disco mientras su agenda está llena de conciertos. El paso de los años y de los trabajos publicados son un reto para hablar de cosas sencillas, pero en una fase nueva en la que aún permanezcan inexploradas. Porque el sonido old-school puede ser igualmente fresco.

Collins tiene ganas del concierto del martes. Si España es un lugar especial para él, Pollença lo es incluso más. El neoyorquino lo considera un paraíso «muy mallorquín», bromea, en el que veranea desde hace ya bastantes temporadas rodeado de amigos y familia. Una combinación que considera impagable y le hace ser «verdaderamente rico». ¿Abrirá su mítico Walking Out On Love la noche?