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Ya lo dijo Gaspar Melchor de Jovellanos: «La Seu siempre cae y necesita restauraciones». Ayer se dieron por concluidas las reshabilitaciones de la Capella Baixa de la Trinitat –once años después–, la tabla de la Santíssima Trinitat de principios de siglo XVI y, además, se anunció que se abrirá al público la terraza de la azotea del templo, que se podrá visitar hoy y mañana, de 18.30 a 20.30 horas de forma gratuita.

La Capella Baixa de la Trinitat, también reconocida como sacristía vieja, está considerada el epicentro del templo gótico hacia el 1936 que Jaume I dedicó a la Virgen María. El canónigo responsable de obras de la Seu, Joan Bestard, calificó la capilla como «una de las joyas arquitectónicas de la Catedral». Por su parte, la tabla de la Santíssima Trinitat, que estuvo prohibida por el Concilio de Trento al contener figuras humanas en la representación de la Santíssima Trinitat, se restauró en 2010 y «es posiblemente una de las únicas que se conservan en Europa», señaló Mercè Gambús, responsable del Grup de Conservació del Patrimoni Religiós. La tabla, de tres metros de ancho y tres de alto, es tardo-renacentista y está hecha sobre madera conífera «con una iconografía singular».

La rehabilitación de los espacios, que ocupan una superficie de 200 metros cuadrados, le ha costado a la Seu 459.325 euros, de los cuales el Govern ha pagado 40.000, pese a que prometió 200.000. Bestard recordó que «pese a la grave crisis económica que todos padecemos, esperamos que estos 160.000 euros restantes puedan ser abonados». Los que estuvieron presentes en la convocatoria ovacionaron entre risas las palabras de Bestard, que concluyó con un «he dicho».

Las visitas a las terrazas del templo suponen seguir la estela de las catedrales de Sevilla y Santiago de Compostela, que hace tiempo que permitieron el acceso. De momento serán sólo dos días y, por motivos de seguridad, no podrán subir personas menores de 13 años y gente con problemas cardiorrespiratorios, vértigo o movilidad limitada.

Es una hazaña apta para quien esté dispuesto a enfrentarse a 209 escalones y conseguir una vista panorámica de Ciutat, además del mayor rosetón del mundo gótico y los arbotantes y contrafuertes que constituyen el templo. Pero, de momento, tan sólo será una visita puntual porque aún falta iniciar las obras de restauración del claustro y las campanas, que impedirán el acceso a las terrazas.