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Ritch Miller (Tejas, 1925 - Mallorca, 1991) fue «un personaje ecléctico», tenía «un crisol de facetas» que se reflejaron en el modo en que el pintor se relacionó con el pueblo de Santa Margalida desde su llegada en 1973. «Apreciaba la soledad» y la halló en este municipio, pero paradójicamente este hombre de carácter «austero y solitario» logró estrechar unos fuertes lazos con los lugareños que aún hoy persisten. Todo ello y más se desprende del documental Pintar l’absència: cartes de Ritch Miller a Eliane Koeves, una pieza elaborada por Martha Zein, Miquel Frontera y Antoni Font.

Los autores han logrado profundizar en la personalidad y la obra del pintor gracias a la correspondencia que éste mantuvo entre 1982 y 1991 con la escritora Eliana Koeves. «Ella y su marido, Tibur Koeves, residieron en Santa Margalida. Tibur falleció, Eliane regresó a Norteamérica y empezaron a cartearse. Todo ese material Eliane se lo remitió a Maria Amengual –vecina del pueblo y amiga del pintor– con el fin de que pudieran ser estudiadas y que pusieran de actualidad su obra». El resultado se puede ver en el Museu Ca s’Apotecari.

Miller llegó a Mallorca a principios de los 60, dispuesto a romper con su pasado, «sobre el que siempre fue muy reservado». No obstante, el documental le sitúa ya en los 70, en su finca de Son Fonoll, «donde se aisló para concentrarse en la pintura, en un paisaje que le interesaba, y donde conectó con la naturaleza. Santa Margalida le alejaba de la realidad de Estados Unidos y se sintió muy identificado con la gente de aquí», explican, y ello se apreció en su obra, con «cambios de perspectivas, emociones y temáticas».

Las cartas a Eliane Koeves permiten conocer el carácter crítico de Miller hacia su propia pintura y también los períodos de crisis creativa que sufrió. «Era muy exigente y perfeccionista, lo que le llevó a ver las cosas de forma extrema», comenta Martha Zein. Éstas ofrecen información también sobre sus gustos literarios y pictóricos, sus referentes, su sentido del humor, cómo era su espíritu, también sus añoranzas...».

El documental, con música de Coanegra y Grollers de sa Factoria y narración de Biel Mesquida, no se presenta como un mero repaso biográfico del artista y su paso por la Isla, sino que va más allá. Habla de un pueblo, del entorno, de su relación con el arte y los artistas que acogió. De hecho, en la pieza, participan algunos vecinos y personas que conocieron a Miller, ofreciendo la imagen más divertida del personaje y su obra, marcada por un cierto espíritu circense y teatral. Para ello, han colaborado Factoria de So i de les Arts de Santa Maria.