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Los numerosos hallazgos encontrados en el túmulo de Son Ferrer (Calvià) han convertido esta zona arqueológica en «una de las grandes referencias de la Prehistoria balear». Así lo asegura al codirector de la excavación, Manel Calvo, quien ayer todavía manifestaba su sorpresa frente a la avalancha de restos hallados, así como al buen estado de conservación de muchos de ellos, principalmente de los ubicados en el interior o alrededores de la cueva funeraria intacta desde hace 2.200 años.

Hasta ahora, todos los restos humanos ya han sido debidamente limpiados y ciclados. En breve serán enviados a la Autónoma de Barcelona para su estudio. De los resultados se sabrá el tipo de alimentación, patologías y otras características personales de los humanos que habitaban la zona hace dos milenios. Para el departamento de la Universidad quedan las cerámicas. En estos momentos ya se han podido restaurar y estudiar los usos de algunos de los utensilios, la mayoría elementos mortuorios o vinculados a rituales funerarios. Entre ellos destacan una veintena de urnas funerarias del siglo II a.C.

A estas alturas, todo el equipo de investigadores del túmulo está inmerso en la catalogación y restauración de los hallazgos en el Laboratorio de Prehistoria de la Universidad. Será un trabajo que Calvo, con grandes dosis de optimismo, cree que podrá terminarse en un año. Un período de tiempo lo suficientemente escaso si se tiene cuenta que tienen que analizarse 24.000 fragmentos de cerámica encontrados cerca de la entrada de la cueva y otros 18.000, entre cerámica y restos humanos, que había en su interior.