Una joven Antónia Vicens con 27 años.

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En esta ocasión los que escriben, posan. La literatura catalana contemporánea está traducida a instantáneas para ver las caras que hay detrás de las letras. La casa Museu Llorenç Villalonga de Binissalem acoge estos días la exposición «Dels qui escriuen», del fotógrafo Toni Catany. La muestra recoge 30 rostros famosos por su pluma, 31 retratos de 30 de algunos de los escritores más representativos de las letras catalanas, tomados entre los años 1967-1983.

Salvador Espriu, Jaume Fuster, Pere Gimferrer, Terenci Moix, Manuel de Pedrolo, Carme Riera, Baltasar Porcel, Maria Antònia Oliver y Llorenç Villalonga, entre otros, son algunos de los retratados. De entre todos ellos, el rostro de Blai Bonet es el único que se repite en dos retratos , porque «la muestra quiere ser una especie de homenaje a Blai», explica Toni Catany.

En la exposición escasean las sonrisas. «No me gusta que a quien retrato sonría, porque la sonrisa es la reacción a algo y prefiero la ambigüedad, que permite que se puedan interpretar las facciones con más libertad y no con la ficción que supone una sonrisa», precisa el fotógrafo. Y aunque han pasado muchos años desde que Catany tomara las fotografías que forman la muestra, el fotógrafo recuerda con precisión algunas de las anécdotas que se esconden tras las instantáneas.

Es el caso del retrato a Salvador Espriu. «Recuerdo que, al hacerlo, me dijo una cosa muy repelente», dice Catany y explica, entre risas, que cuando fue a hacerle el retrato «me había afeitado la barba y al verme me dijo: has hecho muy bien porque de una juventud tan peluda no se si fiarme demasiado». A propósito de la exposición, también se ha editado un libro en el que, bajo el mismo título, se recogen las fotografías que la forman y breves notas bibliográficas, descriptivas o poéticas del poeta y escritor Miquel Bezares sobre cada uno de los retratados.