Rafael Nadal emocionado tras su victoria ante Casper Ruud. | Efe

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A veces en la vida se producen casualidades y en estos momentos Rafael Nadal cuenta con el mismo número de lesiones a lo largo de su carrera deportiva, 22, que títulos de Grand Slam conquistados hasta la fecha, el último de ellos el pasado domingo en París. Nadal ha pasado algo menos    de tres años de su exitosa carrera lesionado y se ha perdido 13 Grand Slam. Qué hubiera pasado si la salud le hubiera respetado más es una incógnita imposible de despejar. Dos han sido los problemas de salud más graves: la rotura del tendón rotuliano de la    rodilla izquierda, que le mantuvo alejado siete meses de las pistas en 2012, y su ya famosa dolencia de Müller-Weiss, que hizo que el año pasado, tras su derrota de semifinales en Roland Garros ante Novak Djokovic, pasara más de seis meses en el dique seco. Sin embargo, ha sido tras esta reaparición cuando Nadal ha roto todos los pronósticos al vencer en los dos Grand Slams celebrados este año: el Open de Australia, donde remontó dos sets a Daniil Medvedev, y Roland Garros tras apear a cuatro top-ten, entre ellos los números 1 y 3 del mundo. Djokovic y Zverev, respectivamente.

Además, entre ambos torneos, el manacorí tuvo que curarse de una fisura en una costilla producida en semifinales de Indian Wells contra Alcaraz, y, aunque pudo jugar la final, que perdió ante Fritz, después tuvo que estar sin jugar 42 días hasta que reapareció en Madrid, donde fue derrotado por el joven murciano. Ayer, Nadal acudió a Barcelona a realizar un nuevo tratamiento para intentar aliviar, que no curar, la lesión que sufre en el escafoides de su pie izquierdo. «Es un tratamiento que consiste en una intervención en los dos nervios. Esto es algo que me ha ido bien y que ya me quitó el dolor en el pasado. Son inyecciones con radiofrecuencia pulsátil que me podrían ayudar a disminuir la sensación que tengo en el pie. Si me ayuda a tener una sensación parecida a la que tengo ahora jugando, no tan exagerado porque ahora tengo el pie totalmente dormido, pero, al menos desinhibir el nervio y quitar la sensación de dolor permanente que tengo. A ver si con este tratamiento podemos dejar el nervio medio dormido», explicó el tenista en París hace unos días.

El tratamiento es muy breve, apenas unos minutos, y su efecto es rápido, por lo que en apenas unos días se sabrá si Nadal estará en condiciones de competir en Wimbledon, adonde no acude desde la edición de 2019. Lo que más llama la atención del deportista de Manacor no es que se haya recuperado de tantas lesiones, sino que siga siendo capaz de mantener tal nivel competitivo con un importante grado de dolor. Primero fue el tobillo, que hizo que le fabricaran unas plantillas especiales que le dieron un resultado magnífico. Sin ellas no hubiera tenido una carrera tan longeva. Después fueron las rodillas –qué sufrimiento de los aficionados cuando las llevaba vendadas y qué alivio cuando estaba sin ellas– aunque tampoco quería decir que al quitárselas se solucionara el problema, ni mucho menos. Pero desde hace un tiempo no se hablaba tanto de estas articulaciones y ha sido su escafoides del pie izquierdo el que le está llevando por el camino de la amargura.

Inexplicable

Médicos especialistas han hablado que se trata de un milagro que Nadal pueda seguir jugando a este nivel con el pie tan maltrecho. En ocasiones ha tenido que soportar un dolor que él sólo sabe su intensidad y en otras no ha tenido más remedio que jugar infiltrado para saltar a la pista con garantías. Pero los anestésicos no son nunca una solución, sino un parche temporal que a la larga puede conllevar complicaciones.Por eso, su equipo médico le ha aconsejado este tratamiento de inyecciones.Si no funciona, la última solución sería el quirófano, pero eso supondría, como el propio deportista ha reconocido, el fin de su carera deportiva, aunque podría vivir con una mayor calidad de vida. Lo que parece claro es que Nadal apurará al máximo para poder seguir jugando tenis. Su amor por este deporte es tal que está siendo capaz de sufrir lo indecible para poder seguir jugando.Pero todo en esta vida tiene un límite, aunque el suyo está a otro nivel.